HOMENAJE A NORBERTO GALASSO
El custodio del pensamiento nacional

Por Mara Espasande

Historiador, ensayista y militante, Norberto Galasso dedicó su vida a disputar los sentidos de la historia argentina y latinoamericana. Custodio y renovador de una tradición de pensamiento nacional y popular, hizo del conocimiento del pasado una herramienta para comprender el presente, formar nuevas generaciones y mantener abierto el horizonte de la emancipación. La historiadora, docente e investigadora de la Universidad Nacional de La Plata y la Universidad Nacional de Lanus, Mara Espasande, recupera aquí a modo de homenaje la trayectoria del “maestro que convirtió la historia en patrimonio popular”.

Custodio de una tradición, puente entre generaciones

Hace pocos días despedimos a nuestro querido maestro, Norberto Galasso. A sus 90 años nos dejó una vasta obra escrita –integrada por más de cien libros- e incontables conferencias, clases, exposiciones, entrevistas, columnas radiales y los más diversos formatos que pueda adoptar la conversación pública. Pero, ante todo, nos legó de una vida de coherencia y sencillez dedicada a la militancia por una Patria más justa a partir del combate por la historia y por convertir el conocimiento del pasado nacional en patrimonio popular.

Con su sonrisa cómplice y su mirada traviesa, con el corazón atento a las causas justas, se convirtió para mí -y para muchos y muchas de mi generación- en la puerta de entrada al universo del revisionismo histórico, del pensamiento nacional latinoamericano y de la militancia en el campo cultural por la “liberación de la Patria”. Durante los años 90 –cuando lo conocí- en aquella etapa neoliberal en que ciertas categorías habían sido expulsadas del lenguaje académico y político, insistió en hablar de imperialismo, dependencia, soberanía, liberación, cuestión nacional, Patria y colonia, no como fórmulas del pasado, sino como herramientas para pensar la experiencia histórica argentina y latinoamericana de aquel presente.

Junto a los espacios culturales que fundó (en los años ochenta el Centro Felipe Varela, en los años noventa, el Centro Cultural Enrique Santos Discépolo, en 2011, el Centro de Estudios Históricos, Sociales y Políticos Felipe Varela) se convirtió en un valioso custodio de la obra y el pensamiento de la generación que lo antecedió: la de Raúl Scalabrini Ortiz, Arturo  Jauretche, Jorge Abelardo Ramos, Juan José Hernández Arregui, con quienes él mismo se había formado. Pero, lejos de ser un simple divulgador, tomó en sus manos la tarea de la investigación y dedicó su vida a escribir obras clave para comprender el pasado –y el presente- nacional. Norberto Galasso fue un eslabón clave entre la tradición intelectual del pensamiento nacional del siglo XX, que recibió, reelaboró y proyectó sobre el siglo XXI, cuando se abría la posibilidad de reconstruir el movimiento nacional popular latinoamericano.

Nacido en 1936, en el seno de una familia de clase media porteña, Galasso se recibió de contador público en la Universidad de Buenos Aires, en 1961, el mismo año en que casualmente escuchó en Plaza Italia la conferencia de un hombre que lo llenó de preguntas y lo empujó a cambiar de rumbo. Aquel orador era Arturo Jauretche.

Su adhesión a las ideas del socialismo –a las que había accedido mediante las lecturas de la Biblioteca familiar como la Pequeña biblioteca socialista o la revista de la juventud socialista Sagitario– lo llevó a acercarse al mundo obrero. Fue así como, en sus visitas a la fábrica Royal del Parque Chacabuco, conoció a Pedro Espinosa con quien descubrió que los obreros lejos de las ideas que él había leído en los libros, eran peronistas. Impulsado por estas inquietudes, se acercó al espacio de la Izquierda Nacional conducido por Jorge Abelardo Ramos, donde militó orgánicamente hasta 1971. Allí dio sus primeros pasos como escritor e historiador cuando, en 1963, publicó Mariano Moreno y la Revolución Nacional en la entrañable colección de Cuadernos de la Editorial Coyoacán.[1]

Investigador riguroso, ensayista, biógrafo, polemista y, ante todo -como él mismo se definía- un militante. Para quienes lo consideramos un maestro, fue ni más ni menos que un pensador nacional, de aquella estirpe de hombres y mujeres que buscaron poner al servicio de la Patria su capacidad intelectual para aportar a la resolución los grandes problemas de la Patria.

Galasso desarrolló una concepción del conocimiento histórico en la que las dimensiones historiográfica, política y pedagógica se encuentran profundamente articuladas. Su preocupación por el pasado no estuvo separada de la pregunta urgente por el presente y por los sujetos capaces de transformarlo; para él, los trabajadores y, en particular, los trabajadores organizados.

Recorrer algunos de los principales núcleos de su obra permite reconocer cómo esta concepción atravesó sus investigaciones, sus intervenciones políticas y, de manera particular, su militancia popular.

Toda historia es, ante todo, historiografía

Uno de los aportes centrales de la obra de Galasso se encuentra en el campo de la historiografía y la popularización de la idea de que toda historia es, ante todo, una historiografía; es decir, que el pasado no llega hasta nosotros de manera transparente y objetiva, sino que es investigado, interpretado, narrado y explicado desde determinados marcos teóricos, categorías y posiciones frente a la sociedad.

Esta preocupación por contar la “historia de la historia” se expresa especialmente en su obra La larga lucha de los argentinos y como la cuentan las diversas corrientes historiográficas[2] donde Galasso realiza un esfuerzo por ordenar una extensa producción historiográfica de ciento cincuenta años sobre el pasado nacional. Allí distingue siete grandes corrientes, analizando no solamente sus interpretaciones, sino también los fundamentos epistemológicos, las tradiciones intelectuales y los ineludibles intereses políticos que atraviesan cada obra citada. En dicho recorrido, encuentra que hay persistencias a lo largo del tiempo: más allá de la renovación teórica y metodológica, desnuda como algunos preceptos de la historia oficial liberal-mitrista del siglo XIX, siguen presentes en la llamada “Historia Social” –aquella impulsada por Tulio Halperín Donghi y José Luis Romero-, desarrollada en la segunda mitad del siglo XX, y no casualmente tras el golpe de Estado de 1955, conformando la pretendida “isla democrática” en las universidades argentinas mientras el peronismo y las mayorías populares eran perseguida y proscriptas.

La perspectiva adoptada por Galasso implica un desplazamiento clave: la historia se convierte en un campo de disputa no solo historiográfica, sino también política, por la interpretación del pasado y por los proyectos de país que esas narrativas contribuyen a legitimar. Desde esta convicción, en su propia práctica como historiador –por ejemplo en su Historia de la Argentina[3] y su Breve Historia[4]– incorporó, en cada etapa trabajada, las distintas interpretaciones construidas sobre esos acontecimientos, incluyendo el análisis de quiénes las formularon, desde qué perspectivas e intereses, y por qué algunas de ellas lograron convertirse en relatos dominantes.

De este posicionamiento ante el estudio del pasado deriva su propio reconocimiento como un militante de la historia: en su caso, enmarcándose dentro de la corriente nacional-popular, revisionista, federal, socialista-latinoamericana; y, también, la interpelación al resto de los historiadores/as a que hicieran lo propio. Con sagacidad convocó a liberales, socialistas, radicales, conservadores, a asumir desde qué lugar miraban el pasado.

Pero, a pesar de que hace décadas las ciencias sociales reconocen la imposibilidad de la “neutralidad valorativa”, en el campo académico argentino Norberto encontró fuertes resistencias. Sus detractores optaron por el silenciamiento: no incluyeron sus textos en las bibliografías de las cátedras, no lo tomaron como interlocutor válido con quien establecer debates intelectuales y teóricos, polémicas a las cuales Norberto no rehuía, sino que aceptaba con pasión y alegría.

Para explicar esta exclusión deliberada habría que detenerse aquí en la historia del pensamiento nacional latinoamericano y su vínculo con la universidad y el campo científico argentino. Salvo las Cátedras Nacionales de la carrera de Sociología de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (1967-1972) y la experiencia desarrollada entre 1973-1974 –y pocas excepciones posteriores como la obra impulsada por Ana Jaramillo en la Universidad Nacional de Lanús-, en los estudios sociales primó la matriz eurocentrada. Hubo que esperar hasta bien entrado el siglo XXI, en el marco de la creación de las Universidades del Bicentenario, para que la obra de Norberto Galasso encontrara espacios institucionales para desarrollar cátedras y difundir su pensamiento.

Esta exclusión no puede comprenderse solamente como el resultado de determinadas decisiones académicas o institucionales. Forma parte de un problema más profundo que Norberto Galasso estudió a lo largo de su obra: la colonización pedagógica y los mecanismos culturales mediante los cuales determinadas ideas, valores e interpretaciones de la realidad logran presentarse como universales, neutrales o propias del sentido común. Continuador de la obra de Arturo Jauretche y Juan José Hernández Arregui, sus trabajos sobre la formación de las clases medias, sobre los imaginarios construidos y reproducidos por los medios de comunicación y, particularmente, sus análisis sobre la relación entre cultura, política y poder -destacándose los libros ¿Cómo pensar la realidad nacional?[5]; Gatos y sardinas[6] y Del televisor a la cacerola… y de la cacerola al televisor[7]; también Inocencio Esquilmao, un votante de clase media[8]–  forman parte de esa preocupación. Para Galasso, la dependencia no se sostenía únicamente sobre relaciones económicas o políticas; también requería una batalla en el terreno de las ideas, capaz de producir sujetos que interpretaran su propia realidad desde categorías ajenas a su experiencia histórica. De allí que el combate cultural constituyera una dimensión inseparable de su militancia: disputar los sentidos desde los cuales una sociedad se piensa a sí misma era también disputar las condiciones culturales que hacen posible su emancipación.

Quienes nos dedicamos a la enseñanza de la historia sabemos lo difícil que resulta desandar los caminos de la colonización pedagógica y enseñar a pensar historiográficamente, y en eso, Norberto marcaba una diferencia. Su aporte debe ser atesorado por quienes intentamos construir un sistema educativo como un espacio de formación del pensamiento crítico y emancipador: una escuela y una universidad que enseñe a pensar en clave historiográfica, capaz de poner en diálogo distintas interpretaciones y corrientes, de contrastar perspectivas, interrogar sus supuestos, leer entre líneas y reconocer los intereses y posiciones desde los cuales se construyen los relatos sobre el pasado. En esa tarea, la enseñanza de la historia puede contribuir a formar sujetos capaces de leer críticamente el mundo y de reconocerse como protagonistas de su propia historia.

Entre lo individual y lo colectivo: biógrafo de los grandes pensadores nacionales

Esta concepción historiográfica se expresa también en la manera en que Galasso construyó sus textos biográficos, convirtiéndose, sin dudas, en el biógrafo de los grandes pensadores nacionales. En sus páginas existe una tensión vital entre lo individual y lo colectivo: quien es biografiado, lejos de la historia de los “grandes hombres”, no aparece aislado de las estructuras sociales, económicas y políticas de su tiempo, sino íntimamente imbricado en su contexto, pero sin quedar disuelto en él. Desde una perspectiva del materialismo histórico, Galasso prestó atención a las fuerzas sociales, a los conflictos y a los intereses de clase, pero sin eliminar las particularidades de cada uno de los sujetos estudiados. Cada biografía es, al mismo tiempo, un recorrido por la intimidad, por la vida del personaje y, también, una ventana para conocer su época. A través de este vínculo dialéctico, desentrañó los conflictos centrales de cada momento histórico, y como parte de los que Alcira Argumedo definió como “matriz de pensamiento nacional y popular latinoamericano”[9], prestó especial atención al carácter periférico y la cuestión nacional irresuelta de cada etapa, asumiéndolos como ejes insoslayables de su interpretación.

Para Galasso, la biografía era una herramienta fundamental para comprender a la sociedad y un medio para abordar la cultura como un terreno de disputa política, donde se ponen en juego sentidos y proyectos colectivos. Esta perspectiva explica la amplitud de los personajes que abordó: Enrique Santos Discépolo[10], Raúl  Scalabrini Ortiz[11], Manuel Ugarte[12], Arturo Jauretche[13], Juan José Hernández Arregui[14], John W. Cooke[15]. También dedicó páginas entrañables a artistas populares, como Atahualpa Yupanqui[16] y Leonardo Favio[17] y a luchadores políticos emblemáticos como Ernesto Che Guevara[18], Hipólito Yrigoyen[19] y Eva Perón[20].

Sin embargo, sus dos biografías más documentadas, de mayor aliento y reconocimiento, estuvieron dedicadas a los dos conductores políticos más destacados de la historia argentina: José de San Martín[21] y Juan Domingo Perón[22]. A través de todas estas obras, Galasso no construyó una simple galería de figuras reivindicadas; produjo una historia de las ideas políticas situada en las condiciones concretas de la sociedad argentina.

A esta inmensa tarea biográfica se sumó otra gran línea de investigación en la que puso los números al servicio de la soberanía: la historia de la deuda externa. Fiel a su formación inicial, Galasso publicó obras ineludibles como De la Banca Baring al FMI: historia de la deuda externa argentina[23], Triunfo Buitre: la deuda externa de los Kirchner a Macri[24] e Historia de la deuda externa argentina: de la Banca Baring a la vuelta del FMI[25] para explicar los mecanismos de asfixia financiera de nuestro país.

Ya sea desde el retrato biográfico o desde la historia económica, en todos sus libros aparece una misma preocupación: recuperar a los protagonistas y las tradiciones que habían quedado desplazados de los relatos dominantes, “malditos” en palabras de Arturo Jauretche, para reconstruir las grandes disputas políticas, sociales y culturales de la Argentina y de América Latina.

Comenzar por el principio: disputas el sentido de la Revolución de Mayo y el siglo XIX

Una parte fundamental de la intervención historiográfica de Galasso estuvo orientada hacia el siglo XIX, allí donde se habían cristalizado algunas de las interpretaciones más persistentes sobre el origen y la formación de la Argentina. La Revolución de Mayo, la independencia, el federalismo, la relación entre Buenos Aires y las provincias, la organización nacional y la Guerra de la Triple Alianza fueron más que temas del pasado: fueron territorios de una disputa por el sentido de la historia nacional.

No es casual que su primer libro estuviera dedicado a uno de los protagonistas centrales de Mayo. Desde aquella primera inquietud Galasso volvió una y otra vez sobre aquel acontecimiento fundante, convencido de que discutir qué había sido la Revolución de Mayo implicaba discutir también qué proyecto de nación había quedado abierto y cuáles habían sido las fuerzas sociales y políticas que buscaron realizarlo.

Su combate historiográfico partió, en buena medida, de interrogar aquello que parecía evidente. Frente a la imagen de una revolución exclusivamente antiespañola y argentina, construida por la historiografía liberal mitrista, Galasso recuperó interrogantes sencillos –que solía poner en la boca de algún niño preguntón- que permitían desarmar certezas largamente instaladas: ¿por qué había dos españoles en la Primera Junta?, ¿por qué la bandera española continuó flameando en el fuerte hasta 1815?, ¿por qué los colores de la nueva insignia nacional remitían a la dinastía borbónica? El valor de estas preguntas no residía solo en su simplicidad, sino precisamente en su capacidad para poner en crisis una interpretación establecida[26].

En este punto, la lectura de Jorge Abelardo Ramos, pero en particular de Manuel Ugarte resultó decisiva. Galasso retomó la concepción de pensar en forma conjunta la revolución española y americana de la primera década del siglo XIX y sostuvo que los procesos juntistas desarrollados en ambos lados del Atlántico no podían comprenderse de manera aislada. Además, insistió junto a Ugarte que la emancipación americana formaba parte de una crisis más amplia del orden imperial y debía ser pensada en una dimensión continental. Esta tesis fue profundizada en su investigación sobre San Martín, cuya trayectoria le permitió reconstruir el carácter americano y continental de la revolución: la emancipación dejaba así de ser la historia fragmentada de cada Estado nacional para inscribirse en un proyecto inconcluso de Patria Grande.

Este enfoque explica también la persistencia con la que Galasso regresó a Mariano Moreno y, particularmente, al Plan Revolucionario de Operaciones[27]. Allí encontró elementos para reconstruir las orientaciones políticas y económicas del proyecto de Mayo y hasta sus últimos años continuó interviniendo en la discusión acerca de la autenticidad del documento y de las interpretaciones construidas en torno de él. Las numerosas conferencias que dedicó a la Revolución de Mayo expresan no solamente una preocupación por esclarecer un episodio histórico, sino la convicción de que la disputa por el pasado forma parte de la disputa por el presente.

La misma perspectiva atravesó su lectura del siglo XIX posterior. La reivindicación del federalismo no significó para Galasso una recuperación meramente heroica de figuras provinciales, sino la posibilidad de interrogar la estructura de poder que se fue consolidando alrededor de Buenos Aires, el puerto y los intereses económicos dominantes. En esa clave recuperó las resistencias provinciales, la figura de Felipe Varela[28], -retomando la obra de León Pomer- la Guerra de la Triple Alianza y la trayectoria de José Hernández, incorporando voces y conflictos desplazados por las narrativas oficiales.

Su aproximación al siglo XIX buscó reconstruir una tradición nacional, federal, popular y latinoamericana que permitiera volver a mirar la formación del Estado y de la nación desde otros sujetos, otros territorios y otros proyectos políticos. Comenzar por el principio significaba, para Galasso, volver a preguntar qué revolución hicimos, qué proyecto de nación se frustró y qué dimensiones de aquella experiencia emancipatoria permanecían abiertas como horizonte histórico de los pueblos de la Patria Grande.

Por todo esto, la mirada sobre el siglo XIX no podía agotarse en las fronteras de la Argentina: conducía necesariamente hacia la historia latinoamericana, hacia el problema de la fragmentación de la Patria Grande y hacia la persistencia de las relaciones de dependencia.

Es en este punto donde la recuperación de Manuel Ugarte adquiere una dimensión central en su obra. La biografía de Manuel Ugarte, publicada por EUDEBA en dos tomos y censurada por la última dictadura cívico militar, y el prólogo de Unidos o Dominados[29], escrito en 1974, constituyen obras fundamentales desde las cuales Galasso abordó la problemática de la balcanización latinoamericana, la dependencia, la dominación imperial y la irresuelta cuestión nacional. La recuperación de Ugarte le permitió reconstruir una tradición de pensamiento latinoamericano desplazada de los relatos dominantes y, al mismo tiempo, establecer un puente entre las luchas emancipatorias del siglo XIX y los dilemas políticos de la América Latina del siglo XXI.

La vigencia política de esta perspectiva tuvo incluso una expresión significativa en la recepción latinoamericana de la obra de Galasso. Hugo Chávez, quien había elogiado su biografía de San Martín y promovido su edición en la República Bolivariana de Venezuela, recuperó también su interpretación de Ugarte en su última carta a la CELAC, en 2013, al fundamentar históricamente la necesidad de fortalecer la integración regional. Allí escribió: “Tiene razón el escritor argentino Norberto Galasso: Lo que pudo ser la victoria de la Patria Grande se convirtió en las veinte derrotas de las patrias chicas. Esta historia no debe repetirse”[30]. La cita condensa, de algún modo, una de las claves profundas de la obra de Galasso: la historia de la fragmentación latinoamericana no como destino inevitable, sino como resultado de derrotas históricas cuya comprensión puede contribuir a construir otro futuro. En ese sentido, la investigación histórica dejaba de ser únicamente una mirada hacia el pasado para convertirse en una herramienta de interpretación y de intervención sobre el presente, recuperando en la idea de Patria Grande un horizonte todavía en construcción. Aquella cita en la pluma de Hugo Chávez fue sin dudas uno de los mejores homenajes que Norberto pudo recibir.

De la “izquierda abstracta” a la Izquierda Nacional y los aportes para pensar al movimiento nacional. El movimiento obrero organizado como el sujeto histórico

La clase obrera argentina constituye en la obra de Norberto Galasso un punto de partida y, a la vez, un objeto de indagación: es el lugar político y epistemológico desde el cual “mirar” e interpretar la realidad social, pero también, objeto central de su investigación. Reconocía a los trabajadores, sus organizaciones, sus luchas y sus tradiciones políticas como protagonistas de la construcción de la Argentina contemporánea. De allí su atención a las organizaciones obreras, a las tradiciones políticas que las atravesaron, pero también al estudio de la historia de los sindicatos y las organizaciones que ellos conformaron. Esta preocupación quedó expresada en sus trabajos sobre la historia de los trabajadores y del movimiento obrero argentino que escribió junto a su amigo, el histórico dirigente del sindicato de Farmacia, Alfredo Ferraresi –Historia de los trabajadores argentinos[31], también, la biografía de Germán Abdala[32].

En su práctica militante, los sindicatos fueron siempre prioridad. Llevar la historia a los trabajadores significaba contribuir a que pudieran reconocerse como parte de una tradición de organización, de lucha y de construcción colectiva. Escribir para los trabajadores, participar de espacios de formación y llevar la discusión histórica allí donde el conocimiento académico no suele proponerse como objetivo, formaban parte de una misma práctica intelectual y política.

A partir de su formación en las ideas de la izquierda, Norberto se dejó interpelar por la perspectiva nacional y por la preocupación que atravesó buena parte de su vida: cómo construir una izquierda capaz de pensar la realidad argentina y latinoamericana desde sus propias condiciones históricas. Su crítica a la denominada “izquierda abstracta” apuntaba precisamente contra aquellas lecturas que trasladaban mecánicamente categorías elaboradas para otras sociedades y terminaban desconociendo las particularidades de los procesos nacionales y populares.

De allí su acercamiento a la tradición de la izquierda nacional y su búsqueda de un socialismo nacional, en diálogo con distintas vertientes del marxismo latinoamericano. En esta perspectiva, la cuestión nacional y la cuestión social no constituían problemas separados ni etapas sucesivas. La lucha por la liberación nacional y la emancipación social formaban parte de una misma problemática histórica. Pensar la dependencia, el imperialismo y la soberanía implicaba, necesariamente, preguntarse también por las clases sociales, el movimiento obrero y las formas concretas que asumía la lucha popular en la Argentina.

Dentro de su obra, podemos diferenciar dos momentos: en los años setenta, sus escritos doctrinarios sobre la izquierda nacional -como ¿Qué es socialismo nacional?[33]–, en diálogo con otros textos de la época como Introducción al socialismo de José Maradiaga de 1975 o Por un socialismo nacional de Vivian Trías (1966),  donde se retoman las tesis clásicas de Lenin y Trotsky, y se las pone en diálogo con la realidad latinoamericana. Y un segundo momento, los estudios sobre el movimiento nacional y el peronismo en cuanto frente policlasista. Su trabajo buscó comprender las razones de su emergencia, la composición social que lo sostuvo, el papel central de los trabajadores organizados y las tensiones que atravesaron al movimiento nacional y popular. Hay una rica reflexión de teoría política en sus obras sobre el peronismo -no solo la biografía de Perón sino también en De Perón a Kirchner[34], y en la historia de la izquierda argentina –Aportes críticos a la historia de la izquierda argentina[35]-.

Ese interés teórico estuvo acompañado por su práctica política. Galasso acompañó críticamente al peronismo durante los años setenta y, décadas más tarde, ya en el siglo XXI, volvió a asumir una posición de acompañamiento crítico a los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, reconociendo en ellos una recuperación de las banderas históricas del movimiento nacional, pero sin renunciar por ello a la posibilidad de señalar límites, contradicciones o aspectos que consideraba necesario discutir, por ejemplo cuando decidió no sumarse a la iniciativa de la creación de un Instituto revisionista estatal y desarrollar por fuera, al Centro Felipe Varela.

El legado de Norberto Galasso en tiempos libertarios

Recorrimos en esta nota algunos de los aspectos de la obra de nuestro querido Maestro. Sin dudas, faltan muchas referencias a libros destacados y debates que encaró (pienso en el libro Combatir alegremente o en sus estudios sobre la historia del teatro argentino). Las personas como él, dejan huella donde van y será tarea colectiva reconstruir su biografía política e intelectual de este pequeño gigante del pensamiento nacional.

Pero quizás su obra no se agota en quienes la estudiamos y la estudiarán. Su obra está en sus libros y en sus investigaciones, pero también en las personas que formó, en los espacios de formación que impulsó, en los trabajadores y trabajadoras que encontraron en sus charlas herramientas para comprender su propia historia, en los sindicatos que visitó, en cada unidad básica en la que estuvo y que lo acogieron amorosamente a lo largo de su vida. Su legado es, en buena medida, esa comunidad de lectores, estudiantes, trabajadores, docentes y militantes que aprendieron con él que la historia no es solamente aquello que sucedió, sino también una herramienta para preguntarnos qué país queremos construir.

Quizás el mejor homenaje sea volver a sus textos: leerlos críticamente, discutirlos, recuperar sus preguntas y llevarlas nuevamente a las aulas, las universidades, los sindicatos y los espacios de formación política. No para repetir a Galasso, sino para hacer con su obra aquello que él hizo con las tradiciones que recibió: ponerlas en movimiento y en diálogo con los desafíos de nuestro presente. Porque Galasso fue, en definitiva, un puente entre generaciones. Recibió una tradición intelectual forjada en el siglo XX y trabajó para entregarla a nuevas generaciones. Somos muchos y muchas los que nos toca continuar esta tarea, no solo como una manera de homenajearlo sino porque compartimos la convicción de que nuestra Patria necesita conocer su pasado para encarar los desafíos de este siglo XXI.

Qué mejor que cerrar este homenaje con las palabras que el mismo Norberto eligió para dejar testimonio de su propia vida. Lo hizo en dos obras: por un lado, sus memorias políticas: publicada por Ediciones Colihue en 2019 bajo el título Un largo viaje hacia el socialismo nacional y la unión latinoamericana[36]; y por otro lado, en las conversaciones mantenidas con Diego Eloy Ramírez, publicadas bajo el título de El último maldito[37]. Aquí, los últimos párrafos de sus Memorias políticas:

“He sentido sí el afecto popular en medio de figuras importantes me puede considerar satisfecho de haber sido tratado como amigo por Arturo Jauretche, Ricardo Carpani, Juan José Hernández Arregui, Jorge Enea Spilimbergo, el padre Hernán Benítez, Adolfo Perelman, Rodolfo Puiggrós, Eduardo Astesano e inclusive Jorge Abelardo Ramos, a pesar de nuestros cortocircuitos. Si el lector quiere ir un escalón más arriba: he recibido una carta de Perón, le he estrechado la mano a Fidel Castro, he conversado varias veces con el comandante Hugo Chávez Frías, al igual que con Néstor Kirchner –quienes han elogiado mis libros– y he compartido la inauguración del Salón Mujeres Argentinas del Bicentenario y del Museo del Bicentenario con la presidenta de la Nación Cristina Fernández de Kirchner.

No voy a negar que estas últimas referencias son recuerdos imborrables, pero quizás –cuando llegue el momento de la partida– aquello que más profundamente valoraré es haber caminado junto al pueblo latinoamericano desde los tiempos en que todo era dependencia, saqueo y balcanización, hasta estos últimos años en que, a pesar de todo, se afirmará la liberación, la justicia social y la reunificación latinoamericana, cuando de nuevo, a pesar de marchas y contramarchas, las nuevas generaciones pueden mirar hacia el horizonte avizorando el socialismo”.

 


Mara Espasande es docente e investigadora de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y la Universidad Nacional de Lanús (UNLa). Desarrolla además actividades de docencia de posgrado de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ) y en el ámbito de la Educación Superior de la Provincia de Buenos Aires. Es co-autora, junto a Norberto Galasso, de la obra colectiva Los Malditos. Hombres y mujeres excluidos de la historia oficial de los argentinos (Ediciones de Madres de Plaza de Mayo, 2005); de Ernesto Guevara de la Serna. Cuando no era el Che (Ediciones Colihue, 2014, junto a Maximiliano Molocznik); de Historia política del Senado de la Nación Argentina (Biblioteca del Congreso de la Nación, 2023); y de El “gringo” Carlos Pellegrini. Biografía de un industrialista en tiempos liberales (Ediciones Colihue, 2025). Fue además colaboradora en la elaboración de Breve historia Argentina (Ediciones Colihue, 2024).

 

 


[1] Galasso, Norberto, Mariano Moreno y la Revolución, Buenos Aires, Editorial Coyoacán, 1963.

[2] Galasso, Norberto, La larga lucha de los argentinos y como la cuentan las diversas corrientes historiográficas, Buenos Aires, Ediciones del Pensamiento Nacional, 2001.

[3] Galasso, Norberto, Historia de la Argentina. Desde los pueblos originarios hasta el tiempo de los Kirchner, Buenos Aires, Ediciones Colihue, 2011.

[4] Galasso, Norberto, Breve Historia Argentina, Buenos Aires, Ediciones Colihue, 2024.

[5] Galasso, Norberto, ¿Cómo pensar la realidad nacional?, Buenos Aires, Ediciones Colihue, 2008.

[6] Galasso, Norberto, Gatos y sardinas, Merlo, Ediciones del Instituto Superior Dr. Arturo Jauretche, 2009.

[7] Galasso, Norberto, Del televisor a la cacerola. y de la cacerola al televisor, Merlo, Ediciones del Instituto Superior Dr. Arturo Jauretche, 2009.

[8] Galasso, Norberto, Inocencio Esquilmao, un votante de clase media, Ediciones Colihue, 2019.

[9] Argumedo, Alcira, Los silencios y voces de América Latina. Notas sobre el pensamiento nacional y popular, Buenos Aires, Ediciones del Pensamiento Nacional, 1993.

[10] Galasso, Norberto,  Enrique Santos Discépolo y su época, Buenos Aires, Editorial Jorge Álvarez, 1966.

[11] Galasso, Norberto, Vida de Scalabrini Ortiz, Buenos Aires, Editorial Mar Dulce, 1970.

[12] Galasso, Norberto,  Manuel Ugarte, Buenos Aires, EUDEBA, 1974, 2 tomos.

[13] Galasso, Norberto, Arturo Jauretche y su época, Buenos Aires, Ediciones Peña Lillo, 1985.

[14] Galasso, Norberto, Juan J. Hernández Arregui: del peronismo al socialismo, Buenos Aires, Ediciones del Pensamiento Nacional, 1986.

[15] Galasso, Norberto, Cooke: de Perón al Che. Una biografía política, Rosario, Homo Sapiens Ediciones, 1997.

[16] Galasso, Norberto, Atahualpa Yupanqui: el canto de la patria profunda, Buenos Aires, Ediciones Colihue, 1992.

[17] Galasso, Norberto, Leonardo Favio, Buenos Aires, Ministerio de la Cultura de la Nación Argentina, 2015.

[18] Galasso, Norberto, El Che: revolución latinoamericana y el socialismo, Buenos Aires, Ediciones Colihue, 1997; Galasso, Norberto; Molocznik, Maximiliano; Espasande, Mara, Ernesto Guevara de la Serna. Cuando no era el Che, Buenos Aires, Ediciones Colihue, 2014.

[19] Galasso, Norberto, Don Hipólito: vida de Hipólito Yrigoyen, Buenos Aires, Ediciones Colihue, 2013.

[20] Galasso, Norberto, La compañera Evita, Buenos Aires, Ediciones Colihue, 2012.

[21] Galasso, Norberto, Seamos libres y lo demás no importa nada. Biografía de José de San Martín, Buenos Aires, Ediciones Colihue, 2000.

[22] Galasso, Norberto, Perón, Buenos Aires, Ediciones Colihue, 2005, 2 tomos.

[23] Galasso, Norberto, De la Banca Baring al FMI: historia de la deuda externa argentina, Buenos Aires, Ediciones Colihue, 2002.

[24] Galasso, Norberto, Triunfo Buitre: la deuda externa de los Kirchner a Macri, Buenos Aires, Ediciones Colihue, 2017.

[25] Galasso, Norberto,  Historia de la deuda externa argentina: de la Banca Baring a la vuelta del FMI, Buenos Aires, Ediciones Colihue, 2023.

[26] Galasso, Norberto, La Revolución de Mayo. El pueblo quiere saber de qué se trató, Ediciones Colihue, 2009; Galasso, Norberto. Verdades y mitos del Bicentenario, Buenos Aires, Ediciones Colihue, 2010.

[27] Galasso, Norberto, Mariano Moreno: “el sabiecito del sur”, Buenos Aires, Ediciones Colihue, 1994.

[28] Galasso, Norberto, Felipe Varela y la lucha por la unión latinoamericana, Buenos Aires, Ediciones del Pensamiento Nacional, 1983.

[29] Galasso, Norberto, Unidos o dominados, Buenos Aires, Editorial Convergencia, 1975.

[30] Carta de Hugo Chávez Frías a la CELAC, enero de 2013, disponible en: https://www.iade.org.ar/noticias/hugo-chavez-en-la-celac-2013-carta-completa-leida-por-nicolas-maduro

[31] Galasso, Norberto; Ferrarresi, Alfredo, Historia de los trabajadores argentinos, Buenos Aires, Ediciones Colihue, 2018.

[32] Galasso, Norberto, Germán Abdala, Ediciones ATE Capital – Colihue, 2019.

[33] Galasso, Norberto, ¿Qué es socialismo nacional?, Buenos Aires, Ediciones Ayacucho, 1973.

[34] Galasso, Norberto, De Perón a Kirchner, Buenos Aires, Punto de Encuentro, 2011.

[35] Galasso, Norberto, Aportes críticos a la historia de la izquierda argentina, Buenos Aires, Nuevos Tiempos, 2007.

[36] Galasso, Norberto, Un largo viaje hacia el socialismo nacional y la unión latinoamericana, Buenos Aires, Ediciones Colihue, 2019.

[37] Ramírez, Diego Eloy, El último maldito. Conversaciones con Norberto Galasso, Merlo, Ediciones Imprex, 2023.

 

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