Por Iris A. Fernández
A fines de mayo, el papa León XIV publicó Magnifica humanitas, su primera encíclica. Tal como restituye Iris Fernández, uno de los grandes interrogantes de la encíclica es cómo custodiar a la persona en tiempos de predominio de la IA. La respuesta frente a tan coyuntural interrogante se puede buscar en la inactual doctrina social de la iglesia, que todavía nos permite cuidar la magnífica humanidad.
El 25 de mayo de 2026 el papa León XIV publicó su primera encíclica, titulada Magnifica humanitas[1]. Se trata de un texto de fundamental importancia, que analiza profundamente el contexto actual desde una mirada doblemente crítica: la principal, hacia los distintos centros de poder en cuyas manos se encuentra la posibilidad de moldear el futuro de la humanidad; la segunda hacia el interior, ya que el mismo papa se hace cargo de errores y omisiones cometidos por la institución eclesiástica a lo largo de la historia que pudieran haber aportado a la situación crítica que vivimos en la actualidad.
En la carta, el Sumo Pontífice realiza un recorrido que retoma los mensajes de sus predecesores, con el objetivo de poner en juego en el contexto actual los fundamentos y principios de la doctrina social de la Iglesia, hasta llegar a nuestros días con la pregunta sobre “qué significa custodiar a la persona humana en el tiempo de la IA” (229). Tras ser designado como papa, Robert Francis Prevost elige el nombre de León XIV en honor a León XIII, quien publicó hace 135 años (el 15 de mayo de 1891) la Encíclica Rerum novarum, en el contexto de la Revolución Industrial. En este documento se fija una postura que hoy se conoce como Doctrina Social de la Iglesia, “un patrimonio de sabiduría, en el que encontramos principios para pensar, criterios para discernir y juzgar, y orientaciones concretas para actuar” (3). Allí se plantea la problemática de la dignidad del trabajo, el salario justo y el valor de las personas por sobre el capital, sin dejar de defender la propiedad privada, mientras “aprecia las asociaciones de trabajadores y propone formas de colaboración entre los diversos componentes de la sociedad como alternativa a la lógica de la «lucha de clases»” (30).
1. Cinco principios para el desarrollo humano integral
El primero de los principios que estructuran Magnifica humanitas es el del bien común, entendido como “la forma social de la dignidad que se reconoce a cada uno” (59). Para que la sociedad pueda acercarse al cumplimiento de este principio es fundamental el rol del Estado, que debe “garantizar la cohesión, la unidad y una justa organización de la sociedad civil, para que el bien común realmente pueda ser procurado con la contribución de todos” (63). El segundo principio es el del destino universal de los bienes, que en los aportes de San Juan Pablo II hacía referencia a la tierra (suelo, agua, aire, recursos naturales) hoy revisado para “incluir también las nuevas formas de propiedad: patentes, algoritmos, plataformas digitales, infraestructuras tecnológicas, datos” (67).
El principio de subsidiariedad, por otro lado, aboga por la responsabilidad de las personas, cuyas acciones deben realizarse en libertad sin ser tomadas por un orden superior, sea este el Estado u otro tipo de organización. En el contexto de la revolución digital este orden superior está constituido por empresas y plataformas, por lo que es necesario que se orienten al bien común a través de diversos mecanismos de control (71). En el mismo sentido, para el cumplimiento de los principios de solidaridad y justicia social la carta también hace hincapié en “que las decisiones en materia de datos, algoritmos, plataformas e IA tengan en cuenta no sólo el beneficio inmediato de algunos, sino el impacto en todos los pueblos y en las generaciones futuras” (76), mencionando especialmente el poner la mirada en los grupos más vulnerables: “los pobres, los migrantes, los refugiados, los desplazados internos, las víctimas de la violencia, las personas que viven en periferias urbanas o existenciales” (78).
A través de estos cinco principios, la encíclica apela a la necesidad de buscar el desarrollo humano integral, para lo que es necesario que la Doctrina Social no sea sólo palabra sino también “un examen de conciencia para la Iglesia, casa y escuela de comunión, siempre llamada a verificar que los principios expuestos en este capítulo se vivan sobre todo en su interior” (86).
2. El lugar de las grandes empresas
En contraposición con la foto de los grandes magnates que acompañaron a Trump el día de su asunción[2], Chris Olah, el cofundador de Anthropic y referente del sector tecnológico, compartió escenario en el Vaticano con un discurso en el que agradece al Papa y pide que más actores de la sociedad, externos a las empresas que desarrollan Inteligencia Artificial, se involucren en el tema de la ética y las regulaciones de la tecnología[3].
La presencia de Olah en este evento puede relacionarse con un hecho conocido en febrero de 2026[4]: el día 24 se difundió la noticia según la cual el Pentágono solicitó a Anthropic eliminar las limitaciones que impedían el uso militar de su tecnología. La respuesta de la empresa fue negativa, y como consecuencia, el Departamento de Defensa de los Estados Unidos declaró a Anthropic como un “riesgo para la cadena de suministro”[5], y ordenó a las agencias federales el abandono de cualquier uso de herramientas generadas por esta empresa. En contraposición, las empresas OpenAI, Google, Microsoft y Amazon accedieron a la firma de esta alianza[6].
Por otra parte, la inclusión de una cita del libro “El señor de los anillos” puede pensarse en alusión directa a la empresa de Peter Thiel, bautizada Palantir “en honor a la bola de cristal utilizada como dispositivo de espionaje por el mago traidor Saruman en la saga”[7].
3. La tarea de la Universidad
Para evitar que el lucro nos gobierne, la carta invita a la sociedad en su conjunto a alejarse del paradigma tecnocrático. En esta tarea invoca a la universidad, institución que tiene “el gran reto de la integración de los conocimientos, formando tanto en la capacidad de conectar y fusionar saberes para interpretar la complejidad, como en las técnicas de verificación de los hechos” (137). El sistema educativo en su conjunto tiene un rol central en esta coyuntura en la que se hace necesario formar a los equipos docentes “para que sepan dialogar de manera positiva con las nuevas tecnologías, ayudando a los alumnos a hacer un uso responsable, crítico y creativo de ellas, y a no sufrir pasivamente su influencia.” (145)
Además de la formación crítica en el uso de tecnologías para estudiantes y docentes, hay una tercera mención a la responsabilidad de todas las personas vinculadas a la educación, también desde las decisiones políticas, la investigación, la administración de las instituciones, o su financiamiento. Quienes forman parte de este ámbito “están llamados a trabajar con una lógica de transparencia y responsabilidad, manteniendo viva la conciencia del amplio marco en el que se inscriben los avances tecnológicos a los que contribuyen, incluidos los relacionados con la IA” (209).
4. Custodiar la magnífica humanidad en la era de la IA
Hoy la guerra se “prepara culturalmente a través de narrativas simplistas, lógicas de amigo-enemigo, desinformación y miedo” (192). Se necesita desarmar la IA, salir de la lógica competitiva y romper esta equivalencia entre poder tecnológico y derecho a gobernar (110), para lo que es necesario evitar las ideologías que promueven la visión de la existencia de personas que valen menos que otras.
Cuidar lo humano requiere proponer la pregunta “¿qué estamos construyendo?” (90). No hay tecnología que sea neutral (104) y es por ello que se necesita que los grandes principios de la Doctrina Social de la Iglesia se conviertan en una guía para que el enorme poder de los algoritmos favorezcan la construcción de lazos sociales que protejan a los más vulnerables y aseguren un acceso equitativo a las oportunidades (96).
La encíclica papal publicada en mayo de 2026 es un texto que pone en discusión el poder concentrado, que llama a recorrer la Doctrina Social de la Iglesia para “permanecer profundamente humanos, custodiando con amor esa magnífica humanidad que se nos ha dado” (15).
Iris A. Fernández. Licenciada en Educación (UNQUI), doctoranda en Estudios del Conurbano (UNAJ/UNPAZ). Es coordinadora de la Diplomatura en Inteligencia Artificial en Educación (UNAJ), docente en la TUCE y de la Ingeniería en Informática (UNPAZ). Integrante del proyecto de investigación Infraestructuras Digitales Abiertas para la Educación Superior: exploración de alternativas en inteligencia artificial (UNVM).
IG @irisfz
[1] https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/encyclicals/documents/20260515-magnifica-humanitas.html#El_limite,_el_corazon,_la_grandeza_del_ser_humano
[2] https://www.eldestapeweb.com/internacionales/asume-trump/los-empresarios-mas-ricos-y-poderosos-del-mundo-arroparon-a-trump-en-su-asuncion–2025120184822
[3] https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/chris-olah-el-joven-guru-de-la-ia-que-acompano-a-leon-xiv-en-una-presentacion-historica-nid25052026/
[4] https://www.politico.com/news/2026/02/24/hegseth-sets-friday-deadline-for-anthropic-to-drop-its-ai-red-lines-00795641
[5] https://www.bbc.com/news/articles/cn5g3z3xe65o
[6] https://www.perfil.com/noticias/tecnologia/el-pentagono-sello-acuerdos-con-siete-empresas-tecnologicas-para-integrar-inteligencia-artificial-en-operaciones-militares-secretas.phtml
[7] https://es.wired.com/articulos/por-que-citar-a-tolkien-fue-una-bofetada-de-guante-blanco-del-papa-contra-silicon-valley
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