La cuestión Malvinas
El árbol y el bosque

Por Mariano Ameghino

Malvinas fue una guerra. Pero no fue solo eso. Es también una parte importante de la historia de la Argentina. Mariano Ameghino, autor de Tras un manto de películas. Malvinas y el Cine durante los 80 expone aquí buena parte de esa historia hecha de fragmentos y retazos pero que hacen a la identidad nacional.

 

Aquella frase tan inoportuna como necesaria aparece en otro 2 de abril. “Que el árbol no nos tape el bosque” es la misiva que intentaremos abordar. Pero al mismo tiempo sabiendo que la polémica puede invitar a que el lector salte párrafos y cierre la nota sin mediar. Pero apostemos a la confianza, paciencia y criticidad que este diálogo pueda lograr.

En las siguientes líneas intentaremos alumbrar aquellas historias nacionales que son pilares en la construcción del sentimiento argentino en torno a las Islas Malvinas, como causa, como cuestión. Sin olvidar 1982 pero al mismo tiempo subrayando toda una serie de acontecimientos que comulgan con el mismo reclamo que construye la identidad nacional. La historia política, la cultura popular, el arte, lo audiovisual y el fútbol acompañan el relato que propone alzar la mirada para alcanzar al bosque malvinero; más allá del homenajeado, polémico, cuestionado, querido, admirado, odiado y amado árbol bélico.

Malvinas la guerra, la causa y la cuestión

Existe una cadena de significantes en nuestra subjetividad colectiva que relaciona el vocablo Malvinas con Guerra, como si se tratara de sinónimos. Y si bien estas líneas van a sostener que el acontecimiento bélico de 1982 es el que hace que hoy estemos ejerciendo memoria sobre los 72 días de guerra, los 649 argentinos que perdieron la vida y todas las secuelas que trajo a nuestra sociedad, a cuarenta y tres años del 2 de abril de 1982 necesitamos que el árbol no tape al bosque. Ese árbol es fundamental para entender todo el paisaje, pero también, abruptamente, la guerra  nos eclipsa mojones históricos que debemos subrayar.

Nos encontramos ante más de 190 años de usurpación ilegal británica. Un 3 de enero de 1833 el Reino Unido expulsó a las autoridades argentinas a través de la fuerza. Un año antes tuvo lugar el ataque norteamericano del 31 de diciembre 1831 a las instalaciones nacionales. ¿Los motivos? Los recursos naturales que naves estadounidenses rapiñaban de manera ilegal, lo cual fue denunciado por la administración del gobernador argentino Luis María Vernet, que lo impedía y amenazaba con sanciones.

Antes de Vernet tres gobernadores fueron enviados por el virreinato del Alto Perú desde 1767 y otros dieciocho por el Vierreintato del Río de la Plata a partir de 1776. Luego de 1811 la provincia de Buenos Aires envía autoridades; en 1820 a Jewett, en 1821 a Mason, entre 1823 y 1828 al guaraní Pablo Areguatí. Luego Vernet entre 1829 y 1831 logra instalar una población civil estable, al punto que su esposa María Sáez dió a luz a Matilde, primera argentina nacida en el archipiélago. Vernet es sucedido por Juan Mestivier que es asesinado en 1832. Otro Pinedo en la historia argentina termina el listado de gobernadores nacionales, entre 1832 y 1833 hasta la expulsión, usurpación ilegal británica.

Un 2 de abril de 1770 zarpó desde el puerto de Montevideo una expedición que expulsó a los ingleses que habían desoído los reclamos españoles. Mismos reclamos fueron escuchados por los franceses que se retiraron sin mayores conflictos. Los oriundos de la ciudad Saint Malo, cuyo gentilicio francés era “Malouines”, le dieron orígen al nombre que tanto amamos en nuestro país, con una “v” corta que aparece entre la conjunción de la ou y el reemplazo de la última “e” por una “a”; se retiraron reconociendo los derechos españoles que establecía el tratado de Tordesillas.

Pero cuando decimos que el árbol no nos tape el bosque nos referimos también a las menciones del General José de San Martín sobre las Islas Malvinas, a la resistencia del gaucho Rivero a la invasión británica y su espera a que Balcarce enviara, desde la Provincia de Buenos Aires, la contraofensiva que jamás llegó. Las ideas de Juan Manuel de Rosas para recuperar el archipiélago “comprándolo”; el posicionamiento de los primeros gobiernos de Juan Domingo Perón, las 7 antorchas en homenaje al centenario de la muerte de San Martín en 1950, hacia cada punto limítrofe de Argentina, uno de ellos con destino a Malvinas y que pudo llegar hasta Ushuaia. También hay un bosque lleno de hazañas y audacias. En 1964 Miguel Fitz Gerald fue el primer argentino en volar a las islas y plantar la bandera nacional. Dejó una proclama y regresó. En 1965 Naciones Unidas a través de la resolución 2065 reconoce la disputa de soberanía entre Argentina y Reino Unido. Esta se basa en la resolución 1514 de 1960 que establece la necesidad de dar fin a los enclaves coloniales y coloca en el listado de territorios no autónomos que deben ser descolonizados a las Islas Malvinas. En 1966, mientras el dictador Onganía tomaba el té con el esposo de la reina de Inglaterra que había venido a visitarlo extraoficialmente para jugar al polo, un grupo de militantes peronistas comandados por María Cristian Verrier y Dardo Cabo llevan adelante el Operativo Cóndor. Toman un avión comercial, cuyo destino era Río Gallegos, lo desvían, obligan su aterrizaje en las Islas, enarbolan siete banderas nacionales y exigen que el gobernador reconozca la soberanía argentina sobre el archipiélago. Si deseamos conocer más sobre este acontecer la Televisión Pública realizó una serie titulada “Cóndor, uno-cero-cinco”. (https://www.youtube.com/watch?v=DD7hBfNFu6A&list=PLZ6TIj4tHEIsriarHKTcvHYaT6UqOEY_q )

Como muchas veces el arte puede explicar cosas que cuesta encontrar en los documentos oficiales, una evidencia de lo cercano que sentíamos la recuperación es la producción audiovisual que realiza el cineasta Raymundo Gleyzer para el noticiero telenoche de canal 11, cuando su material titulado “Nuestras Islas Malvinas” relata en 1966 como era la vida en las Islas, la enseñanza del español en las escuelas de los isleños, la existencia de argentinos que se asomaban a la orilla del mar con sus radios transistores a escuchar los partidos de fútbol los domingos a la tarde.

(https://www.youtube.com/watch?v=KTBsFAySpbs )

Por si el lector sigue aquí, estamos intentando describir el bosque malvinero. Todas aquellas iniciativas, mojones, hazañas, evidencias de lo que tuvo lugar antes de 1982. Siempre reclamamos nuestros derechos soberanos, históricos, geográficos y territoriales. Más allá de autoridades que jugaron a la distracción y la entrega, han perdurado las políticas oficiales de reivindicación y la rebeldía civil a través de acciones sorprendentes e inesperadas para las autoridades coloniales. Hasta la imagen de Antonio Ratín estrujando la banderita británica del córner en el mundial de fútbol de 1966 puede tender el puente con el barrilete cósmico que tiene lugar 20 años después. Obviamente, estas páginas reservan un espacio para aquella otra epopeya. Le hemos pedido al lector confianza, paciencia y criticidad en las primeras líneas.

Entrando en la década del 70 los puentes aéreos entre el continente y las islas eran moneda corriente. Estudiantes argentinos visitaban las islas. Habitantes isleños acudían al continente para atenderse en salud y educación. En el archipiélago estaban presentes los servicios de Correo Argentino, Obras Sanitarias, YPF, Líneas Aéreas del Estado y otras más. Para el tránsito entre un sitio y otro no eran necesarios demasiados documentos como pasaportes o apostillados. Una tarjeta blanca permitía el ingreso y el paso por las Islas australes y el continente. Las conversaciones diplomáticas avanzaban más allá de lo zigzagueante que resultaban las acciones inglesas. Ya durante el tercer gobierno de Perón, en diciembre de 1973, Naciones Unidas reconocía el esfuerzo del pueblo argentino por evitar que el archipiélago quede aislado y las acciones humanitarias de asistencia eran valoradas a tal punto que en la resolución 3160 de ese año, Naciones Unidas declaraba la necesidad de acelerar las negociaciones que emanaban de la resolución 2065 de 1965. En junio de 1974 los británicos proponen un condominio anglo argentino como paso previo a una solución final a la disputa de soberanía. Según algunas versiones, el fallecimiento del presidente argentino pudo haber obstaculizado el avance de estas gestiones. Pero en este bosque malvinero es importante rescatar que a través de negociaciones diplomáticas y pacíficas los argentinos hemos llegado a estar muy cerca de la soberanía plena.

Incluso, muy a pesar del autor de estas líneas, debemos reconocer una medida interesante y por qué no inteligente que tuvo lugar durante el proceso militar. La instalación de una base científica en las islas Sandwich del Sur conocida como “Corbeta Uruguay”. Durante la campaña antártica argentina de 1976-1977 con rompehielos y buques se transportaron materiales y personal para instalar esa base en islas deshabitadas. Allí los argentinos tuvimos otra base científica como las que poseemos en el continente blanco. Luego del cese del fuego de 1982, los británicos dinamitaron las instalaciones.

La dictadura militar acorralada por las denuncias a las violaciones de los derechos humanos, el desastre económico producto del industricidio, y sus propias desavenencias internas, enfrenta 1982 como uno de sus últimos años. El 30 de marzo el pueblo en la calle les dice basta con la huelga de la Central General de los Trabajadores. Tres días después nos anoticiamos que habíamos recuperado las Islas Malvinas a través del operativo Rosario. Fuerzas Armadas Argentinas expulsan a los ingleses. Sobre el particular hay un film británico que no tiene desperdicio, se titula An Ungentlemanly Act “Un acto descortés” y se puede acceder al mismo por youtube. (https://www.youtube.com/watch?v=kW-OMf3Fjn4)

A partir de allí, comienza una especie de laberinto patriótico. Así lo he llamado en mi libro Tras un manto de películas. Malvinas y el Cine durante los 80 (https://rid.unaj.edu.ar/items/32c11c3d-a17e-4225-a4f7-8822843630b3).

Esta expresión, humildemente,  intenta acompañar otras descripciones que han aportado autores emblemáticos. Por ejemplo, para Federico Lorenz se pueden reconocer tres discursos que subyacen, conviven, se superponen: El patriótico; el relato victimizador y una reivindicación de una lucha anti imperialista. Mientras que para Rosana Guber existe un diálogo zigzagueante entre fiasco; locura irresponsable; guerra absurda; gesta patriótica; heroísmo; causa justa; iniciativa bélica sin razón; aventura; patología mental. Por su parte Vicente Palermo agrega que existen seis relatos. La idea de gesta, causa justa en manos bastardas, guerra absurda, herida abierta, aventura militar y represión.

Esta es la parte del texto donde deberíamos dedicar líneas y párrafos a la guerra. Al árbol bélico. Pero sin ánimo de pasar de página vamos a reconocer que mientras hoy, el 2 de Abril es el “Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas” (Ley 25370 del año 2000), esta fecha ya había sido colocada en la efeméride sobre finales del gobierno militar (Declárase al 2 de abril día de las Islas Malvinas, Sandwich del sur y Georgias del sur – Ley gobierno de facto 22.769) para ser cambiada por el primer gobierno democrático que decidió concentrar la fecha malvinera en el 10 de Junio ya que la “fecha del 2 de Abril conmemora un hecho cuya celebración resulta incongruente con los sentimientos que evoca” (Ley 20.561 de 1984)

Cuando hablamos de laberinto patriótico también estamos reconociendo que aquellas imágenes de ingleses rendidos y banderas arriadas el 2 de abril de 1982, conviven con la figura del represor y asesino Pedro Eduardo Giachino que fue abatido por fuerzas británicas el día de la recuperación de las Islas. También saber que nuestros soldados conscriptos sufrieron maltratos y crímenes de guerra, que la inutilidad diplomática del proceso militar hizo que Argentina sea considerada un actor irracional en el concierto de las naciones ya que pasamos de estar bajo el mando y al servicio de Ronald Reagan a estar en el seno del grupo de países no alineados y recibir el apoyo de Cuba, Perú y la información de los satélites soviéticos.

Culminada la guerra 72 días después de aquel 2 de abril, los resultados evidencian que en el Atlántico Sur existe una base de la OTAN que custodia las puertas de la Antártida, reserva del agua dulce para la humanidad. Ya no hay tarjetas blancas para visitar las islas, es necesario pasaportes. El puente aéreo entre el archipiélago y Londres se hizo más estable y el aislamiento que había sido roto por las políticas argentinas, hoy no es necesario, requerido ni aceptado. Es por ello que podemos afirmar que la recuperación del 2 de abril fue un hecho sin precedentes, pero la guerra ante las potencias mundiales fue otro crímen de la dictadura. Los casilleros que retrocedimos luego de 1982 son de alto costo. Sin embargo, en cada rincón de la patria están los estandartes, los símbolos y sentimientos que reivindican el sentimiento argentino malvinero. Superando la desmalvinización que tuvo lugar en los primeros años, resurge del subsuelo nacional marcas, murales, banderas, tatuajes, carteles viales, nombres, homenajes, escuelas. El gol del Diego a los ingleses de México de 1986 con “los pibes de Malvinas que jamás olvidaré” de Qatar 2022 son parte de ese bosque Malvinero que no nos puede tapar una batalla perdida.

Al mismo tiempo, nuestros veteranos y veteranas siguen dando cátedra en cada rincón donde pueden. Abrirles las puertas de las instituciones es uno de los deberes de todo gestor, autoridad y compañero. Ellos mismos nos invitan a superar la guerra, a que el árbol no nos tape el bosque.  Nos explican sobre la disputa en torno a los recursos naturales, de los permisos pesqueros que hace que los kelpers posean el PBI más grande del planeta mientras a los esfuerzos del pueblo argentino se los lleva la usura y la estafa. Al mismo tiempo la explotación petrolera, los debates geopolíticos. Todo esto sumado al desafío de construir una causa latinoamericana Malvinera. Es nuestro Atlántico Sur el que está siendo usurpado y no será la primera vez que sigamos resistiendo a los embates de imperios de turno, hasta que con memoria, verdad y justicia hagamos de nuestro planeta un lugar justo y emancipado.

 

 


Mariano Ameghino es Magister en Ciencias Sociales por la Universidad Nacional de Lujan y Profesor en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Buenos Aires. Está realizando su doctorado sobre estudios del conurbano del CONUSUR. Es docente regular en la Universidad Nacional Arturo Jauretche, Universidad Nacional de Pilar y Universidad Nacional Scalabrini Ortiz. Su interés por la construcción de subjetividades en los colectivos sociales a través de la industria del entretenimiento lo llevaron a publicar su libro Tras un manto de películas. Malvinas y el Cine durante los 80 en el año 2022.

 

 


Imagen de portada: wirestock en Freepik

Comentarios: