El nacimiento del deseo
Él es Eva y ella Adán

Por Luis Blengino

Por todos lados escuchamos hablar del deseo, de lo poco o mucho que hay en la política, en el trabajo, en el amor. Pero ¿qué es el deseo? ¿cómo funciona? ¿quién lo mueve? Todas estas preguntas recorren los diez ensayos que componen el nuevo libro de Florencia Abadi El nacimiento del deseo, publicado recientemente por la editorial chilena Pólvora. El filósofo e investigador del Conicet Luis Blengino lee aquí el texto de Abadi para pensar, justamente, las aventuras y desventuras a las que nos conduce nuestra vida deseante.

Comentarios a El nacimiento del deseo de Florencia Abadi, Pólvora Editorial, Santiago de Chile, 2024.

Recientemente ha sido publicado en Argentina por Pólvora editorial el libro El nacimiento del deseo de la filósofa y escritora Florencia Abadi. Allí, como continuación y complemento de su anterior El sacrificio de Narciso, se propone un ejercicio de pensamiento, de desgarramientos de velos, y una invitación a seguir pensando, a curiosear. En este sentido se refiere a la fórmula ilustrada sapere aude, que pone en relación el coraje con el conocimiento. La autora dará muestras del coraje, poco frecuente en nuestro ámbito, de servirse de su entendimiento para indagar cuestiones clásicas de un modo novedoso y osado. Hacia el final del libro nos revela la tarea filosófica que se propone como una tarea quizás imposible, pero que por ello mismo vale el intento: este ensayo, nos dice, es ejemplo de esa antigua y persistente ilusión de dar con “la verdad de Eros”. Para esto Abadi se sirve de un método de lectura que avanza reconstruyendo el árbol genealógico de Eros, a partir del cual se nos revela que “su verdadera madre” es la envidia (el libro empieza y termina reflexionando en torno a ella) y su padre el azar. El texto despliega y desarrolla así, a partir de esta matriz, las familias a las que ya había referido en El sacrificio de Narciso para exponer que “si la crueldad es hermana del coraje, de la verdad y la franqueza, la piedad tiene como parientes a la cobardía, la mentira y la hipocresía”.[1] En efecto, se trata de las dos familias (la de la humildad y la de la soberbia) que dan la clave para continuar indagando las dos lógicas que polarizan la existencia (el amor y el deseo). Estas dos familias, como Capuletos y Montescos, revelan la serie de enemistades que enfrentan a Eros con Narciso y al deseo con el deber, pero también con el cálculo utilitario y la seguridad y el aburrimiento del matrimonio, de los que huye.

Se trata de un pensamiento osado porque Abadi sabe y hace saber al lector que está dispuesta a pensar la tradición en pie de igualdad con sus grandes exponentes, no solo tratando de desarmar “el equívoco entre las nociones de amor y deseo […] que alcanza al pensamiento occidental en su conjunto”[2], sino también poniendo en entredicho los límites que el siglo XIX había establecido entre la tradición pagana y la judeocristiana. Así, por ejemplo, no teme hacerle frente a aquella constatación ante la cual Bataille habría retrocedido. A saber, las semejanzas entre Dioniso y Jesucristo: una representación del niño divino, del hijo perseguido, abandonado y resucitado por el padre, al punto de afirmar que la lucha del cristianismo contra los misterios dionisíacos no es más que un caso de narcisismo de las pequeñas diferencias. En el mismo registro hay que inscribir la provocación lanzada al sostener la cercanía entre vampiros y cristianos, ambos bebedores de sangre como alimento vital.[3]

La operación filosófico-literaria empleada por la autora suele ser una operación de inversión que consiste no tanto en desentrañar un sentido profundo, exhaustivo y último de lo que se interpreta, sino más bien de una apropiación creativa. Es preciso comprender que el pensamiento de Abadi no tiene por finalidad explicar los mitos, sino que, a la inversa, serán los mitos los que sirvan de instrumento para desarrollar su propia filosofía. Es por ello que preguntas tales como, por ejemplo, por qué en el análisis del Génesis no se hace referencia al árbol de la vida, son improcedentes. Por esto mismo, el libro es, en sentido estricto, un libro de filosofía y no un mero comentario exegético o hermenéutico. Las reflexiones sobre el enigma, el enigmatizar y el enigmatizarse revelan, simultáneamente, uno de los procedimientos eróticos y literarios más eficaces de su escritura. Así es como el libro invita a pensar y curiosear a partir de una singular forma de escribir y reflexionar. En este sentido, Abadi escribe sobre enigmas, esclareciéndolos, pero también enigmatizándolos, con un estilo de escritura sugerente y sintético, como una forma de enigmatizarse a sí mismo, como un modo de abrir la interpretación e invitando al movimiento del pensamiento.

Abadi sabe, siguiendo a Platón, que la verdadera trascendencia tiene que ver con la fecundidad y la producción de obras trascendentes (tal como lo expresa en la sexta regla del arte erótica que presenta en el último capítulo). Sabe también que una obra es fecunda cuando está grávida de ideas por desarrollar. Solo una obra que no se presenta como cerrada y exenta de problemas y paradojas puede fecundar otras y así alcanzar la trascendencia que solo se logra cuando los otros son capaces de continuarla, discutirla, preguntarle. Por eso la obra está en movimiento y, a la vez, mueve a pensar con y a partir de ella. Por eso, también, las entrevistas, conferencias o diálogos sobre su obra no cumplen la función de mera divulgación, sino sobre todo de continuación de una reflexión fecunda que está realizando su trabajo de parto.

Si es cierto que para muestra alcanza un botón, podemos detenernos un momento en un aspecto del libro que nos permite especular con cierta libertad. La cuestión de la envidia y la interpretación del Génesis. Con la lectura de tales análisis me resuena la canción Cinema Verité de Serú Girán. Allí, Charly García canta “Y yo estoy con la máquina de mirar. Justo en el paraíso, para filmar”. En esta línea, como sugerí, Abadi no solo nos brinda una interpretación, sino sobre todo una máquina de interpretar, o más bien, su interpretación está en función del forjamiento de ese dispositivo de lectura a partir de las dos lógicas heterogéneas que polarizan nuestra existencia. Es con esta máquina de mirar que la autora también aborda el Génesis con la idea de oponer, pero también de compaginar “la inocencia con la piel”. Más allá de esto, considero que el núcleo del paralelismo está, como sugiere nuestro título, en la inversión operada tanto por Abadi como por Charly García, cuando entona “Él es Eva y ella Adán”, que se continúa con el “Ahora, él le ofrece una manzana. Ahora le insiste de probar”. En efecto, en la lectura de Abadi el Dios del Génesis es partero, además de padre y madre (instancia paterna de prohibición y materna de conocimiento). En principio Dios parece ser omnipotente y omnisciente, la serpiente/envidia “parece un avatar de Dios, el tentador”, el instigador que “debió dar ese rodeo ante la ausencia de curiosidad de sus criaturas”.[4] También en otro momento nos recuerda que “no hay dos sin tres”, a lo que podemos agregar que el movimiento de la pareja original requiere de la dimensión social, pues tres son multitud y, como nos enseña Foucault, una cosa es el modo de ser dual (o ser de a dos, en pareja) y otra cualitativamente distinta la dimensión del ser plural (el ser con otros). En este contexto la envidia aparece como motor inmóvil: “aún paralizada por su impotencia […] funciona como acicate”.[5] La pareja original aún con los ojos cerrados, sin curiosidad ni vergüenza, requiere de un estímulo externo, de un incentivo que hace pie en una suerte de ingratitud originaria. Por ello en el Edén de Abadi hay que suponer “una infelicidad originaria que es condición de posibilidad del deseo”. Por ello, nos dice la autora, “venimos de la envidia, del gesto que coloca la atención en lo que creemos que no nos brindaron”[6], pero de aquello que también consideramos que seríamos merecedores. La prohibición no alcanza para despertar el deseo y por ello la envidia agrega al “esto no es para vos”, la imaginación o suposición de que “para otro sí”. El supuesto envidioso de que Dios posee el conocimiento del bien y del mal que regatea a sus criaturas para mantener su jerarquía “gatilla el deseo”, soberbio, que despertará la ira de Dios, sus castigos y maldiciones. Pero aquí Abadi nuevamente invierte o trastoca sutilmente la interpretación tradicional que pone a la tentación de Eva como fuente del pecado y la caída. La filósofa sitúa como causa de la caída y el castigo, no la transgresión, sino la actitud de desresponsabilización. En efecto, la ira de Dios no surge cuando constata la violación de su mandato, sino cuando la pareja original pone la “culpa afuera” y no en el propio ejercicio de la libertad o en la soberbia pretensión de igualdad. Si esto es así parece tener razón Charly García en la inversión de roles entre Adán y Eva. Se invierte aquí la responsabilidad de la caída, pues es Adán quien primero se desreponsabiliza y echa la culpa afuera: a Dios por haberle dado esa mujer, a su mujer por haberle dado ese fruto. Es solo en segundo lugar que Eva, con un gesto mimético y casi automático, copia a Adán y pone la culpa en la serpiente. Así, Adán cumple la función que la tradición (¿patriarcal?) adjudicaba a Eva para culparla y a Eva la función que se daba a Adán para desresponsabilizarlo. Por ello, aunque Florencia Abadi exprese que su interpretación busca poner en igualdad de condición a ambos pecadores, no siendo Eva más responsable que Adán, el lector puede sospechar que más bien ocurre lo contrario y que es Adán quien hace el primer movimiento por el cual son expulsados y que es su desresponsabilización, su doble echar la culpa afuera, aquello que lo convierte en el primer pecador. Él es Eva y ella Adán.

 

 


Luis Blengino es Doctor en Ciencias Sociales y profesor de filosofía en la Universidad de Buenos Aires. Profesor Asociado a cargo de Teoría Política II en la Universidad Nacional de la Matanza. Investigador asistente del Conicet. Autor del libro El pensamiento político de Michel Foucault.

 


[1] Abadi, Florencia. El nacimiento del deseo, Pólvora Editorial, Santiago de Chile, 2024, p. 70

[2] Abadi, Florencia. El nacimiento del deseo, Pólvora Editorial, Santiago de Chile, 2024, p. 91

[3] Abadi, Florencia. El nacimiento del deseo, Pólvora Editorial, Santiago de Chile, 2024, p. 68

[4] Abadi, Florencia. El nacimiento del deseo, Pólvora Editorial, Santiago de Chile, 2024, pp. 30-31

[5] Abadi, Florencia. El nacimiento del deseo, Pólvora Editorial, Santiago de Chile, 2024, p. 13

[6] Abadi, Florencia. El nacimiento del deseo, Pólvora Editorial, Santiago de Chile, 2024, p. 14

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