El último año de Perón
“La herencia es un problema en el peronismo”

Entrevista a Gustavo J. Nahmías

El último año de vida de Juan Domingo Perón condensa algunas de las tensiones más profundas de la historia política argentina. Entre su retorno definitivo al país y su muerte en julio de 1974, el peronismo atravesó un proceso acelerado de disputas internas entre el sindicalismo, la juventud, las organizaciones armadas peronistas y no peronistas. En esta entrevista, el sociólogo e historiador Gustavo J. Nahmías reflexiona sobre ese período clave a partir de su libro El último año de Perón. De la promesa a la desolación (1973-1974), publicado por editorial EUDEBA. La conversación recorre los conflictos entre las distintas corrientes del movimiento, la relación entre conducción, vanguardia y masas, y la persistente pregunta por la herencia política de Perón medio siglo después.

 

BORDES: El libro aborda la historia política de un año: ¿qué hace de ese período que va desde el regreso de Perón hasta su muerte, un año clave en la historia del peronismo y de la Argentina?

 

Gustavo J. Nahmías: Podemos decir, como señala el título del libro, que es el último año de Perón, de su tercer mandato como presidente; y de su propia vida. La bajada, “De la promesa a la desolación”, de alguna manera anticipa lo que se irá desarrollando a lo largo de esas páginas. Se pensaba que con el retorno definitivo de Juan Domingo Perón al país, iba a producirse un proceso de pacificación nacional, de reconstrucción nacional. Pero ello no se dio. Me parece que este período es clave, porque es un período en el que todas las internas que habitan en el peronismo, la tensión de Perón con la Tendencia Revolucionaria y más específicamente con Montoneros; la posición de las organizaciones armadas no peronistas, la disputa de la Juventud y el sindicalismo, como así también el estado crítico de salud de Perón, completan un cuadro de situación dificultoso, que terminará por estallar con su muerte.

 

B: Perón vuelve a la Argentina con el propósito de la unidad nacional. ¿Cuáles crees que son las condiciones que debían reunirse para tal objetivo y cuáles crees que son los factores principales que malograron la consecución de este anhelo?

 

GN: Bueno, a mi entender y no lo digo yo, lo dice Perón, él consideraba que, desaparecidas las causas, iban a desaparecer sus efectos. Para Perón, la violencia popular en la Argentina había sido consecuencia de una violencia gubernamental de la dictadura militar, y pensaba que desaparecidos esos sistemas de represión violenta no tendrían razón de ser los métodos violentos que el pueblo había utilizado  para defender sus derechos y garantías. Pero las pasiones ya estaban desatadas. Cuando él llega al país, ya se habían alcanzado las elecciones, ya se había alcanzado un ordenamiento político que exigía un reacomodamiento, una práctica distinta de los diferentes agrupamientos y sectores. Las expectativas difícilmente podían lograrse si continuaban las disputas internas y persistía la violencia y el lenguaje de las armas. Creo, en realidad, que cada uno de los espacios dentro del peronismo no reconocía que eran tan peronistas las posiciones de los adversarios internos, como las propias.

 

B: A lo largo del libro se puede ver cómo se trama el peronismo con la muerte y la muerte de su líder, ¿cuál crees vos que es la relación del peronismo con la muerte?

 

GN: Es una pregunta interesante, porque de alguna manera nos remonta a pensar en la historia del peronismo. Digo esto, porque en el caso de Eva Perón, cuando murió en 1952, su cuerpo fue embalsamado y depositado en el segundo piso de la CGT. Con el golpe de estado en el ‘55, ese cuerpo va a ser secuestrado pocas semanas más tarde al derrocamiento de Juan Domingo Perón. Perón sabía que la orden la había dado el almirante Isaac Rojas. Algunos grupos de mujeres peronistas peticionaron para que se le diera cristiana sepultura. El general Aramburu, ignoró ese pedido así como también ignoró el telegrama enviado por Perón haciéndolo responsable por todo lo que le sucediera al cuerpo de Eva. Una vez secuestrado, se inició lo que denominé: “la odisea del cuerpo peregrino”. El cuerpo de Eva fue ocultado en diferentes lugares. Lo trasladaron al Regimiento 1º de Infantería de Marina, lo ocultaron en el sótano del Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE). Si bien existen varias versiones sobre su derrotero, la mayoría coincide en que el cuerpo permaneció en un cajón en el cuarto piso de la sede de la SIE, con un letrero que decía “Equipo de radio La Voz de la Libertad”. Se produjeron varios entierros falsos, a fin de despistar el destino de los restos, hasta que lo sacaron del país. El cuerpo de Eva Perón fue enterrado en Italia bajo el nombre de María Maggi viuda de Magistris. Durante muchos años, Perón realizó gestiones ante la Santa Sede. No quería que el cuerpo de Evita fuese utilizado por ninguno de los gobiernos militares con la intención de obtener un rédito político. Su devolución no toleraba concesiones, ni compromisos. Un pie de página: Recuerdo, que uno de los puntos del comunicado de Montoneros, por el cual el Tribunal revolucionario que juzga a Aramburu lo encuentra culpable, es por haber profanado los restos y la desaparición del cuerpo de Eva.

Que quiero decir: que hay algo que no es considerado en los análisis históricos de estos años, y es que tanto en la petición por la devolución del cuerpo de Eva Perón, como el retorno de Perón, van a concurrir los diferentes sectores internos del peronismo. Van a comulgar todos los sectores, de Montoneros a la CGT encabezada por José I. Rucci, en su reclamo al gobierno de Lanusse. El cuerpo de Eva va a ser entregado en Puerta de Hierro, el 3 de septiembre de 1971.

También podríamos hablar del robo de las manos de Perón, en 1987, pero para no irnos mucho del tema, sí, hay una relación del peronismo con la muerte.

 

B: La Tendencia Revolucionaria imprimió un dinamismo al movimiento popular previo a la vuelta de Perón. ¿Qué desafíos planteó esta circunstancia a la conducción de Perón y a la orientación que quería darle al movimiento?

 

GN: Voy a contestar “apretando el bandoneón”, como decía David Viñas. Como señalas, efectivamente la Tendencia Revolucionaria tuvo una incidencia significativa en el retorno de Perón, el 17 de noviembre de 1972 y en la participación en la campaña electoral. Cámpora, viajó a Roma a encontrarse con Juan D. Perón y luego a Madrid, para delinear los grandes ejes que enmarcarían las futuras acciones del nuevo gobierno. Para la izquierda del movimiento, Roma y Madrid también fueron dos destinos importantes. Allí se reunieron Juan Domingo Perón con la cúpula de la organización Montoneros: Mario Firmenich, Roberto Quieto y Roberto Perdía.

En Puerta de Hierro, las charlas se enmarcaron en la necesidad de reconversión de la organización Montoneros. Según Perdía, Perón les dijo que ellos debían aprovechar para aprender a gobernar y asegurar un eficaz trasvasamiento generacional, en la conducción del movimiento y del país. En su libro, Perdía cuenta que la discusión interna giraba en torno a tres temas y el vínculo entre estos: el líder (Perón), masas (pueblo) y vanguardia (Montoneros). La propuesta de Montoneros era producir una simbiosis con Perón, en la conducción, a partir de la idea de vanguardia revolucionaria pero compartiendo esa conducción con Perón. Y dice que en aquel momento aparecieron consignas como “Conducción, conducción, Montoneros y Perón”. Ahora bien: ¿era factible pensar la posibilidad de una conducción compartida, una “simbiosis con Perón”, cuando el mismo concepto de conducción, no cuenta con la capacidad de alojar la participación, ni la deliberación, sino por el contrario, su principal atributo reside en la singularidad que se reserva para el acto de la decisión?

Montoneros creía en la guerra revolucionaria total, nacional y prolongada que tenía como eje fundamental y motor al peronismo, y como organización político-militar, aspiraba a ocupar la posición de vanguardia organizada y compartir la conducción con Perón.

Esa expectativa de Montoneros de producir una simbiosis con Perón ya estaba anticipada en la correspondencia que habían mantenido Perón y Montoneros en Febrero del ´71. Montoneros se consideraba una opción estratégica, es decir consideraba la vía armada como única salida para la toma del poder frente al gobierno militar de Lanusse y aclaraban en su misiva, que sería conveniente que los distintos Frentes del movimiento no interfieran en su accionar. Si bien Perón descree de la salida electoral, no la descarta.

Firmenich también recuerda esos encuentros y conversaciones en una entrevista con Felipe Pigna. Dice que el último día, Perón les contó un cuento. Les dijo: que en las familias judías, cuando los hijos varones cumplen 13 años, hacen una fiesta porque consideran que el niño se convirtió en hombre. En una familia judía, el padre le dijo a Samuel que busque una escalera y se suba. Que arriba, en el techo del ropero estaba su regalo de 13 años. El chico va con una sonrisa, busca la escalera, sube y cuando está arriba, mira y le dice al padre que no hay nada. Entonces, el papá, que estaba abajo mirándolo le quita la escalera y Samuel se da un golpazo brutal. Cuando el chico se levanta, del piso, dolorido y, desconcertado, el padre lo mira y le dice: Samuel, este es el regalo, que aprendas a no confiar ni en tu propio padre. ¡Que escena!

Luego del triunfo electoral, comenzará lo que Jorge Bernetti calificó como “la crisis de abril”, una especie de conspiración que empieza a tejerse desde Puerta de Hierro, por parte del secretario personal de Juan D. Perón, José López Rega. Éste sabía que no tenían destino político ni él, ni Isabel, si Perón se moría (sabía que estaba enfermo) y Cámpora era presidente. Esto fue advertido por Juan Manuel Abal Medina, secretario general del movimiento; Mario Cámpora, sobrino del presidente electo, entre otros. Ante la derrota del Frente Justicialista de Liberación en tres distritos en la segunda vuelta electoral (Capital Federal, Santiago del Estero y Neuquén) para definir los cargos de gobernadores y senadores; y por otra parte el llamado de Rodolfo Galimberti a crear una “milicia de la Juventud Argentina para la reconstrucción nacional”, son citados en Puerta de Hierro, Cámpora, Abal Medina y Galimberti. Los tres pondrán su renuncia a disposición, pero solo Galimberti va a ser destituido de su cargo como representante de la Juventud en Consejo Superior Peronista.

En el libro Galimberti de Larraquy y Caballero (Norma, 2000), hay un párrafo al respecto muy interesante. Galimberti dice que Perón entiende a la guerrilla como la entiende Clausewitz, una “formación especial”, que hace el operativo y se repliega con su jefe. Y dice que ellos (los jóvenes de la Tendencia) se creen que Perón lo bajó a él, pero se equivocan: “Perón nos bajó a todos”.

O sea, se inicia lo que denominé: un proceso de descamporización.

Perón no va a asistir al acto de asunción presidencial el 25 de mayo de 1973, y va a regresar definitivamente al país el 20 de junio de 1973. Va a tener que aterrizar en la base aérea del Palomar, ya que ese día va a producirse lo que Horacio Verbitsky llamó la masacre de Ezeiza. Aquí comienza para mí un punto de inflexión, un segmento que va desde Ezeiza hasta el asesinato de Rucci, dos días después del 23 de septiembre, fecha de las elecciones en que la fórmula Perón – Perón,  ganará con más del 62 % de los votos. En adelante, la relación entre Perón y la Tendencia, más específicamente con Montoneros, se volverá irreconciliable, al igual que ésta con el sindicalismo ortodoxo.

 

B: En 1974 el peronismo discutía el legado de Perón, el papel de la conducción del movimiento y cómo resolver internas ¿Cincuenta años más tarde el peronismo sigue estando ahí?

 

GN: Bueno, la herencia es un problema en el peronismo. Pero no se puede pensar el concepto de herencia, sin pensar, me parece, el concepto de conducción política ni dejar al margen el concepto de movimiento. Digo esto, porque me parece que como concepto de conductor, fue Perón. Si pensamos desde la democracia del ´83 hasta nuestros días, lo que hubo a mi entender fueron jefes. O sea: fue jefe, Menem, fue jefe, Kirchner, fue jefa, Cristina, pero a ellos no lo definiría como conductores.  “Conducir es persuadir” dice Perón en “Conducción Política”. Se conduce la diferencia no lo homogéneo. De ahí esa capacidad de persuasión extendida del conductor, de convocar otros espacios, siendo a su vez la respuesta a una coyuntura política determinada.

De hecho, el 24 de mayo de 1974, en el Teatro Nacional Cervantes, Perón dijo: “hoy los peronistas tienen que ser manejados por los peronistas y no por Perón”. Días más tarde, el 1 de julio, iba a morir. Entonces la conducción política se inscribe en el marco del movimiento. Por eso es importante preguntarse: ¿Si no hay conducción, como tramita la sucesión? ¿Y hasta tanto no aparezca, no será conveniente pensarse como un partido político, procedimentalmente, que permita legitimar a quienes aspiran a ser candidatos?

 

 


Gustavo J. Nahmías es Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Actualmente se desempeña como profesor de la materia Pensamiento Social Latinoamericano de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA), Introducción a la Sociología en el Ciclo Básico Común (CBC) y en Historia Económica y Social Argentina en la Universidad de José C. Paz. Es autor del libro La batalla peronista. De la unidad imposible a la violencia política (Argentina 1969-1973), Edhasa 2013. Escribió varios ensayos: El eclipse Sarmiento, para una sociología de las pasiones (2000), Mito y dramaturgia sacramental: el 17 de octubre de Leonardo Favio (2003), La Odisea del cuerpo peregrino (2010), Las leyes laborales en la estrategia de la Reconstrucción Nacional (2014), Roberto Carri: el pensamiento soslayado (2015), Política del contrapunto: la correspondencia entre Perón y el padre Benitez (2017). Publicó las novelas:  Alma de Bandoneón (Norma, 2005), sobre Aníbal Troilo y El inmortal (Edhasa 2019). Escribe artículos en diarios y revistas de crítica cultural.

 

 

 

 

 

 

 

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