Por Ana María Soffiantini, sobreviviente de la ESMA
Taty Almeida, presidenta de las Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, murió este domingo a los 95 años. Hija y hermana de militares, nació en 1930 y en 1979 se incorporó a las Madres de Plaza de Mayo para denunciar la desaparición de su hijo Alejandro Almeida, ocurrida en 1975, a manos de un grupo parapolicial pocos meses antes del Golpe de Estado. Nunca logró recuperar sus restos. Ana María “Rosita” Soffiantini, sobreviviente de la ESMA, la recuerda por su risa “desde las entrañas” y dice que “su transgresión no fue solo rebelarse contra su origen patricio y militar; su verdadera transgresión fue inaugurar la era del abrazo incondicional”.
A veces, los encuentros más vitales ocurren tardíamente, en los pliegues de una historia compartida pero habitada desde diferentes rincones. Ella, una Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora, de una valentía reconocida a nivel público y universal. Yo, una sobreviviente del Centro Clandestino de la ESMA que, hacía poco tiempo y en representación de otros compañeros, había ingresado a participar en el Directorio del Espacio para la Memoria.
Ingresar a ese predio fue, para mí, enfrentarme a un lugar que siempre sentí que silenciaba mi memoria. Otros ya lo habitaban casi en calidad de propietarios; los míos y yo, salvo contadas excepciones, quedábamos fuera. Avanzar en la comprensión de la ESMA como un aparato orgánico no es fácil, lleva tiempo. El paisaje humano que lo transita es diverso y no siempre sentimos que ese suelo también nos pertenece. La sensación constante de tener que pedir permiso para habitarlo se parecía demasiado a cuando, en Capucha, teníamos que pedir “balde” para ir al baño. Sabías que te podían prestar atención, o simplemente ignorarte.
En ese estado de ánimo, con el alma alerta, llegué un día de la mano de Paulita M. a un encuentro donde me encontré, codo a codo, con Taty Almeida.
Por supuesto, antes vino el “thriller” de las presentaciones formales, donde casi nunca se me nombraba por mi identidad, sino bajo la etiqueta genérica de “una sobreviviente” —como si cargáramos con la exigencia de ser invictas ante cada traición—. Pero Taty, con esa sonrisa enorme, puro diente, soltó una frase que me devolvió la tierra:
“Vení, querida, sentate a mi lado”.
Fue un gesto que nunca antes había recibido en ese espacio. Casi un abrazo, seguido de una declaración de principios: “Nosotras a los sobrevivientes los queremos; somos Madres Línea Fundadora, no los señalamos ni sospechamos de ustedes”.
Recibí sus palabras con un placer profundo. Me desarmó la honestidad de esta mujer que no ocultaba su propio pasado; que recordaba haber vivido en una burbuja de clase donde el entorno gritaba “¡viva el cáncer!” al son de la marcha Avenida de las Camelias. Taty soltó ahí mismo una risa sincera, de esas que nacen desde las entrañas. La risa de una mujer que supo, en su juventud, montar a caballo y correr contra el viento. La de quien, sin saberlo del todo, terminó haciendo siempre lo que quiso.
A pesar de tener un padre militar, mandó a la mierda al marido —vaya a saber uno por qué, pero cagándose olímpicamente en el qué dirán— y, cuando el horror le arrebató a Alejandro, le puso el pecho a la Triple A. Esa mujer que caminó sola hasta la Plaza de Mayo y comenzó a girar con las que llamaban “locas”, terminó sumando a su familia a 30.000 hijos.
Esa mujer, esa MADRE, fue la que a mí me besó. Y con ese beso, rompió la pregunta maldita y subterránea que tantas veces tuvimos que soportar: ¿Vos qué hiciste para estar viva?
Taty no preguntaba; Taty cobijaba. Su transgresión no fue solo rebelarse contra su origen patricio y militar; su verdadera transgresión fue inaugurar la era del abrazo incondicional a quienes volvieron del infierno, integrándonos simplemente al paisaje humano de la memoria, sin sospechas y caminando juntas.
Ana Maria Soffiantini (Rosita) es docente y sobreviviente del Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio (CCDTyE) de la ESMA. Miembro de la Comisión Provincial por la Memoria (CPM) y del Directorio de Organismos Espacio Ex ESMA.
Imagen de portada: Taty Almeida en el año 2025. AFP


