Inteligencia Artificial
Alojar la IA en Argentina

Por Marien Camila Martínez Haye

Convertir a Argentina en el “cuarto polo mundial de inteligencia artificial” es una de las promesas tecnológicas más ambiciosas del gobierno de Javier Milei. Sin embargo, detrás de esa aspiración aparece un interrogante clave: ¿estamos ante una estrategia de desarrollo tecnológico nacional o frente a una nueva forma de inserción subordinada en la economía digital global?

¿Estrategia de desarrollo o nueva inserción periférica?

El mapa global de la inteligencia artificial

Estados Unidos, China y Europa son los actuales centros de desarrollo y poder tecnológico en inteligencia artificial. Allí se reúnen las empresas más importantes del sector, los centros de datos de mayor capacidad, buena parte de la investigación científica y una influencia determinante en la definición de las reglas del desarrollo tecnológico global. Entre ellos, Estados Unidos y China, que se encuentran en plena competencia estratégica por el dominio tecnológico, también concentran una gran influencia geopolítica. Por su parte, Europa se ha consolidado como una potencia regulatoria capaz de influir sobre las normas y estándares globales del sector.

Si observamos la distribución mundial de infraestructura digital, podemos ver que EE.UU. concentra un 38,5% de los centros de datos a nivel global y que, aunque China aloja un reducido 3,7%, solo es superada en capacidad de procesamiento por la potencia norteamericana.[i] Pero la disputa entre Washington y Pekín no se limita a determinar quién produce los modelos tecnológicos más avanzados, también expresa dos maneras diferentes de pensar el orden digital global. Mientras EE.UU. defiende –al menos discursivamente– la importancia de las empresas privadas y la libre circulación transfronteriza de datos, China otorga un papel central a los Estados y aboga por el principio de cibersoberanía, según el cual cada país debe poder regular soberanamente el espacio digital dentro de sus fronteras.

En este contexto, el oficialismo argentino se alinea con el liberalismo económico estadounidense y el ecosistema digital de Silicon Valley. Su apuesta consiste en atraer inversiones, centros de datos y empresas vinculadas a la IA mediante un esquema de desregulación, apertura económica y promoción de la iniciativa privada. En ese marco, conviene preguntarse qué significa, en la práctica, convertirse en un polo de inteligencia artificial.

Data centers en la Patagonia

Aunque solemos pensar a la IA como algo etéreo, detrás de cada aplicación existe una infraestructura material cada vez más relevante: los data centers. En ellos se almacenan los datos necesarios para el entrenamiento de modelos de IA y se ejecutan las operaciones que permiten el funcionamiento de sistemas como ChatGPT, Gemini o Claude.

El uso intensivo de electricidad, los sistemas de refrigeración a base de agua, y el acceso a redes de fibra óptica y a grandes porciones de territorio son indispensables para operar los centros de datos. Lejos de tratarse de instalaciones menores, se encuentran entre las infraestructuras de mayor demanda energética de la economía digital. Según la Agencia Internacional de la Energía (IEA), el consumo eléctrico mundial de los data centers alcanzó los 415 TWh en 2024 y podría duplicarse hacia 2030, impulsado principalmente por la expansión de la inteligencia artificial. Además, requieren importantes cantidades de agua para sus sistemas de refrigeración. Diversos estudios advierten que la expansión de la IA está incrementando la presión sobre este recurso, especialmente en regiones donde la disponibilidad hídrica ya constituye un desafío.

Para Javier Milei y Demian Reidel, exjefe del Gabinete de Asesores del Presidente e impulsor de la propuesta de convertir a Argentina en el cuarto polo mundial de IA, es precisamente allí donde el país puede encontrar una ventaja competitiva. Según esta visión, lo que Argentina puede ofrecer son vastas extensiones de tierra patagónica, que catalogan como inhóspitas,[ii] de baja temperatura, con energía para operar los data centers. El supuesto es claro: alojar la infraestructura de la inteligencia artificial permitiría al país participar de sus beneficios tecnológicos y económicos. Sin embargo, esa equivalencia merece ser discutida.

Ser territorio de infraestructura

Alojar centros de datos no es lo mismo que desarrollar inteligencia artificial. Un país puede convertirse en sede de infraestructura digital sin detentar ningún control sobre las plataformas, los modelos, las patentes o los datos que generan el mayor valor económico dentro de la cadena tecnológica. De hecho, los data centers se ubican en sus segmentos de menor valor agregado y tienen altos costos ambientales, energéticos y sociales, sin que conlleven la creación de numerosos puestos laborales.[iii]

La cuestión de fondo no son los centros de datos en sí mismos, sino el lugar que ocuparía el país dentro de la cadena global de valor de la inteligencia artificial. ¿Alcanza con atraer inversiones en infraestructura para convertirse en un polo de desarrollo tecnológico?

Incluso si el almacenamiento de datos se diera dentro de las fronteras nacionales, las capacidades de diseño, innovación y captura de valor seguirían concentradas en las grandes empresas tecnológicas propietarias de esa infraestructura, como Amazon Web Services, Google o Microsoft. El verdadero valor económico de los datos surge de su capacidad para ser procesados, analizados y convertidos en servicios digitales rentables. Es allí donde se generan negocios vinculados a la publicidad en línea, las plataformas digitales, la computación en la nube y, más recientemente, la IA.

Desde esta perspectiva, la estrategia impulsada por el oficialismo se encuentra más orientada a atraer infraestructura que a construir capacidades tecnológicas propias y participar de los segmentos de mayor valor agregado de la economía digital. Argentina podría alojar una mayor cantidad de centros de datos de los que concentra actualmente y aun así no participar de los segmentos más rentables. Si ese fuera el caso, correría el riesgo de convertirse en un soporte material periférico del ecosistema digital global, proveyendo principalmente recursos naturales y energéticos. En lugar de reducir las asimetrías tecnológicas existentes, esta estrategia refuerza la inserción periférica del país en la economía digital global, donde las decisiones estratégicas continúan concentradas en las grandes empresas tecnológicas norteamericanas. El proyecto de data center que Tesla evalúa desarrollar junto con YPF Luz en Neuquén ilustra esa lógica de inserción basada en la provisión de recursos e infraestructura para actores externos.

Dado que los centros de datos dependen del uso intensivo de energía, agua y territorio, la discusión no puede reducirse al aspecto económico. También involucra los costos ambientales y sociales asociados a la instalación y operación de esa infraestructura. Antes de orientar el territorio a la instalación de centros de datos propiedad de compañías extranjeras, conviene preguntarse si la Patagonia puede concebirse únicamente como un espacio disponible para las necesidades de la economía digital global o si existen alternativas de desarrollo capaces de generar un valor económico, social y tecnológico mayor o equivalente sin comprometer el control sobre recursos estratégicos ni la soberanía nacional.

La estrategia libertaria

Mientras China aúna políticas de desarrollo tecnológico con intervención estatal, EE.UU. sostiene políticas proteccionistas[iv] y Europa concentra sus esfuerzos en regular el sector, el oficialismo argentino se alinea con la tradición discursiva del liberalismo estadounidense privilegiando la apertura económica, la desregulación y el incentivo de la iniciativa privada. Para Javier Milei “la verdadera política es dar la más amplia libertad a la tecnología”.[v] Esta visión también es compartida con Reidel, para quien Europa “ha sobrerregulado de manera tal que mató toda la innovación”.[vi]

Sin embargo, en un contexto en donde el poder corporativo tecnológico se concentra en unas pocas firmas, mayoritariamente estadounidenses, apelar a la libertad tecnológica supone, en los hechos, ampliar el margen de acción de esos actores privados. Es lógico, entonces, que esa concepción se traduzca en instrumentos legales y estrategias económicas orientados a desregular la economía y atraer capital extranjero.

Esta mirada cobra vida en instrumentos legales como el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), que fue diseñado para atraer capital extranjero mediante beneficios fiscales, aduaneros y cambiarios, en pos de brindar garantías perdurables a las compañías inversoras. A este esquema se suma ahora el proyecto de Súper RIGI, orientado específicamente a captar mega inversiones en nuevas industrias, entre ellas los centros de datos y la inteligencia artificial. Esto refuerza la idea de que la apuesta por la IA en Argentina no está orientada a desarrollar capacidades tecnológicas nacionales, sino a atraer inversiones privadas del exterior. Tampoco se han anunciado hasta el momento políticas orientadas al desarrollo de modelos propios, propiedad intelectual o plataformas que habiliten el acceso a la captura de valor de este campo.

Existe también un proyecto legislativo para promover inversiones en tecnologías experimentales, entre las cuales se contempla la inteligencia artificial. Entre sus disposiciones figura la creación de un marco normativo que otorgue personería jurídica con responsabilidad limitada a empresas administradas por sistemas de IA. Dado el actual grado de concentración del sector, es probable que estos sistemas provengan de grandes empresas tecnológicas extranjeras.

A esto se suman iniciativas normativas impulsadas por el Ejecutivo orientadas a derogar o flexibilizar la Ley de Tierras. Ejemplo de ello son el Decreto DNU 70/2023[vii] y, recientemente, el Proyecto de Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, que, entre otras modificaciones, propuso reformar la Ley de Tierras para facilitar la adquisición de grandes extensiones de territorio por parte de extranjeros.[viii] Si bien la iniciativa excede ampliamente el debate sobre IA, resulta significativa en este contexto porque facilita el acceso de capitales extranjeros a uno de los recursos estratégicos que demanda la economía digital: el territorio. Desde el Programa de Investigaciones sobre Historia Agraria (PRIHA-FCE-UBA) se ha señalado que este proyecto marcaría un punto de inflexión regresivo en materia de soberanía territorial, debilitando las capacidades estatales de regulación y abriendo el territorio a una lógica de mercado sin resguardos suficientes.[ix] A su vez, implica transformaciones difíciles de revertir en materia de soberanía territorial. Así, la flexibilización del régimen de acceso a la tierra, combinada con instrumentos de incentivo a las grandes inversiones como el Súper RIGI, puede interpretarse como parte de un conjunto de políticas orientadas a facilitar la instalación de infraestructura vinculada a la economía digital mediante la apertura al capital extranjero.

Esta orientación hacia la atracción de actores tecnológicos foráneos también puede observarse en la política exterior del gobierno. Durante 2024 Javier Milei sostuvo encuentros con representantes de algunas de las principales Big Tech estadounidenses, entre ellas Meta, Google, Apple y Tesla. Según el discurso oficial, las reuniones abrirían posibilidades de cooperación y prometían beneficios económicos y tecnológicos para el país. Curiosamente, las reuniones mantenidas con los directores ejecutivos de Google y Meta no dieron como resultado inversiones productivas ni el fortalecimiento de capacidades tecnológicas locales, sino la adopción gubernamental de servicios provistos por ambas compañías.[x] Hasta ahora, el vínculo parece orientarse más a incorporar tecnologías desarrolladas en el exterior que a participar en su diseño, producción o propiedad intelectual.

La economía política de la IA

Abrir la puerta a los centros de datos en Argentina no representa un problema en sí mismo. El problema surge cuando esa incorporación no forma parte de una estrategia orientada a desarrollar capacidades tecnológicas nacionales. Los discursos de desregulación, minimización de la intervención estatal y primacía del sector privado a los que adhiere el oficialismo privilegian la atracción de compañías extranjeras ya consolidadas antes que el fortalecimiento de un ecosistema tecnológico propio.

¿Es esa la fórmula para el desarrollo del país? Vale la pena recordar que, mientras Estados Unidos ha promovido históricamente la liberalización económica como modelo de desarrollo para otros países, su propio liderazgo tecnológico no fue el resultado exclusivo de la iniciativa privada. Décadas de inversión pública, investigación universitaria y articulación entre el Estado y las empresas fueron decisivas para el surgimiento de internet, Silicon Valley y buena parte de las tecnologías digitales que hoy dominan el mercado global. Si esa fue la trayectoria de la principal potencia tecnológica del mundo, cabe preguntarse por qué un país periférico debería prescindir de instrumentos de política pública para construir sus propias capacidades.

En las condiciones propuestas hasta el momento, Argentina podría especializarse en la provisión de algunos de los insumos fundamentales de la economía digital, mientras las actividades asociadas al diseño de modelos, la propiedad intelectual y la captura de valor permanecerían concentradas en el exterior. Desde esta perspectiva, la expansión de los centros de datos reproduciría dinámicas que remiten a nuevas formas de extractivismo: el territorio y los recursos locales (naturales, ambientales y sociales) sostienen una actividad económica cuyos principales beneficios se generan fuera del país.

La discusión conduce entonces a una última pregunta: ¿Quiénes son los principales beneficiarios de poner los recursos energéticos y territoriales argentinos al servicio de las Big Tech? Si la participación nacional se limita a alojar infraestructura, resulta difícil esperar que los mayores beneficios económicos se traduzcan en desarrollo local. Más aún cuando se trata de una infraestructura de alta demanda de recursos y baja generación de empleo local. Si, además, la estrategia de atracción de data centers se acompaña de reformas que flexibilicen el acceso de capitales extranjeros a grandes extensiones de tierra, el debate deja de limitarse a la política tecnológica y pasa a involucrar también la soberanía nacional y la gobernanza de recursos estratégicos como el territorio, la energía y el agua.

Pensar un lugar para Argentina

Convertir a Argentina en un “polo de inteligencia artificial” involucra mucho más que atraer inversiones o instalar centros de datos. El verdadero interrogante no es solo cuánta infraestructura puede alojar el país, sino qué lugar aspira a ocupar en la economía política de la inteligencia artificial. Plantear una estrategia tecnológica no equivale por sí solo a promover el desarrollo tecnológico nacional, con todos los réditos que eso conlleva.

Pensar la IA nos exige algo más que contemplarla desde su dimensión de software. Conlleva considerar las exigencias materiales y la huella socioambiental de su infraestructura, así como la gestión de los flujos de datos, sus lugares de almacenamiento y quién detenta su propiedad. Ni la IA ni los data centers son dañinos en sí mismos y es inevitable, dado el curso tecnológico de los últimos años, tenerlos en consideración dentro de las políticas públicas. Sin embargo, resulta fundamental preguntarse al servicio de qué intereses y en favor de qué lugar en el orden digital global se desarrollan e implementan esas políticas. Desarrollar la IA en un país no exige solamente atraer inversiones para alojar la infraestructura sobre la que funciona la economía de la inteligencia artificial. Depende de construir capacidades tecnológicas, científicas e industriales propias.

Argentina se encuentra muy lejos de ocupar un lugar central en el mapa global de la inteligencia artificial, inclusive se ubica en un lugar periférico dentro de Latinoamérica. Aún no cuenta con capacidades que le permitan posicionarse respecto de los polos existentes de igual a igual. Pero esto no significa que no pueda construirlas progresivamente. Si deseamos alcanzar un lugar de relevancia, ya sea como desarrollador, regulador o socio, será imprescindible construir ese lugar por fuera de una posición de dependencia tecnológica. Esto no significa no tener lazos con los grandes digitales estadounidenses, sino revisar las implicancias de las condiciones bajo las que nos vinculamos.

La inteligencia artificial no redefine únicamente la tecnología. También redefine la geografía del poder económico, la distribución internacional del trabajo y las formas contemporáneas de dependencia. Argentina cuenta con capacidades científicas y tecnológicas que podrían constituir la base de una estrategia propia, siempre que sean articuladas mediante políticas de largo plazo. La cuestión, entonces, no es simplemente si el país quiere participar de esa transformación, sino desde qué lugar pretende hacerlo y qué capacidades está dispuesto a construir para no limitarse a sostener materialmente un desarrollo cuyo valor continúa capturándose en otros países.

 


Marien Camila Martinez Haye es licenciada en Psicología por la Universidad de Buenos Aires (UBA), donde realizó además el curso de posgrado de Entrenamiento en Terapia Basada en Procesos. Es también magíster en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM). Su tesis de Maestría, Gobernanza global de Internet y colonialismo digital: TikTok entre gigantes, analiza el posicionamiento de Estados Unidos y China en el conflicto en torno a TikTok desde la perspectiva de la gobernanza global de Internet, el constructivismo y el colonialismo digital. Sus áreas de interés incluyen la gobernanza global de Internet, la transformación digital, la política exterior y la psicología política.

LinkedIn: @Marien Camila Martinez Haye https://www.linkedin.com/in/marien-camila-martinez-haye/

 


[i] Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). (2025). Datos en la nube, centros en la tierra: El rol de los centros de datos en el futuro digital de ALC. Recuperado de https://www.undp.org/latin-america/blog/data-clouds-centers-ground-role-data-centers-lacs-digital-future

[ii] Presidencia de la Nación Argentina. (2024). Palabras del Presidente de la Nación, Javier Milei, en la apertura de la Semana de la Inteligencia Artificial, en el Polo Científico Tecnológico. Recuperado de https://www.casarosada.gob.ar/informacion/discursos/50802-palabras-del-presidente-de-la-nacion-javier-milei-en-la-apertura-de-la-semana-de-la-inteligencia-artificial-en-el-polo-cientifico-tecnologico

[iii] Requieren una gran cantidad de mano de obra durante su construcción, pero, una vez en funcionamiento, requieren planteles relativamente reducidos debido al alto grado de automatización.

[iv] Si bien la política desplegada por Estados Unidos durante el último gobierno de Donald Trump no se cierra a las inversiones extranjeras, tampoco ha abandonado las políticas proteccionistas, especialmente en sectores considerados estratégicos. El reshoring de la producción, la reconstrucción de la base industrial y la protección de la soberanía y la seguridad económica forman parte de una estrategia que combina la apertura a capitales extranjeros con mecanismos destinados a fortalecer las capacidades productivas y tecnológicas dentro del territorio nacional. Para más información, consultar: The White House. (2025). Regulating Imports with a Reciprocal Tariff to Rectify Trade Practices That Contribute to Large and Persistent Annual United States Goods Trade Deficits. Recuperado de https://www.whitehouse.gov/presidential-actions/2025/04/regulating-imports-with-a-reciprocal-tariff-to-rectify-trade-practices-that-contribute-to-large-and-persistent-annual-united-states-goods-trade-deficits/

[v] Presidencia de la Nación Argentina. (2024). Javier Milei en Meta Day Argentina: “La tecnología es la mayor muestra de las capacidades que tiene el ser humano”. Recuperado de https://www.argentina.gob.ar/noticias/javier-milei-en-meta-day-argentina-la-tecnologia-es-la-mayor-muestra-de-las-capacidades-que

[vi] La Nación. (2024). Demián Reidel: “A Javier Milei lo aman en Silicon Valley” [Video]. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=MgBkTNdWQdQ

[vii] El Juzgado Federal de La Plata dictó una medida cautelar que suspendió la derogación de la Ley de Tierras dispuesta en el decreto. Sin embargo, el 29 de septiembre pasado la Corte Suprema revocó el fallo que había declarado inconstitucional el DNU que pretendía derogar la Ley de Tierras.

[viii] La Ley de Tierras implica la aplicación de un régimen que limita al 15% la titularidad extranjera de las tierras rurales del territorio nacional, con límites adicionales a escala provincial y municipal. Al restringir la adquisición extranjera de superficies rurales, la normativa condiciona la posibilidad de acceder estratégicamente a territorios que reúnen las características específicas necesarias para la instalación de data centers.

[ix] Volkind, P., Oberlin, M. y Caggiano, J. (2026). Cuarto informe: El proyecto de ley de extranjerización de tierras del gobierno nacional, un nuevo estatuto legal del coloniaje. Recuperado de https://www.observatoriodetierras.ar/2026/04/cuarto-informe-el-proyecto-de-ley-de.html

[x] La Política Online. (2024). Milei fue a buscar inversiones tech a EEUU, pero al final el gobierno le pagará a Google y Facebook [Video]. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=ywrwSocHiaQ&ab_channel=LaPol%C3%ADticaOnline

 

 


Imagen de portada: GarryKillian en Magnific

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