PROTESTAS EN EUROPA
El horizonte de las revueltas de la Generación Z

Por Carlos Schmerkin

Imágenes de multitudes, fuego y represión recorren el mundo. La juventud protagoniza protestas en una quincena de países y despierta temores, esperanzas y preguntas. El periodista argentino radicado en Francia, Carlos Schmerkin, revisa los últimos acontecimientos en Europa, señala las respuestas punitivas de las autoridades (que entre otras cosas han detenido una cantidad inédita de menores en las últimas semanas) y se pregunta por los modos en los que los sistemas políticos darán cauce a las nuevas demandas.

 

 

Hay momentos en que una franja etaria deja de ser un dato demográfico para volverse actor político. Europa atraviesa uno de ellos: de Belgrado a Madrid, de Sofía a Créteil, la llamada generación Z ocupa liceos y plazas con demandas que desbordan los canales de la representación. No se trata solo de una “juventud movilizada”, figura recurrente de la historia social, sino de un sujeto político generacional, que nombra su condición común y la convierte en principio de acción. Francia, donde el movimiento secundario confluyó el 17 de octubre con el regreso de los chalecos amarillos, es hoy su laboratorio más intenso, y obliga a preguntarse si vive una crisis política más o el ocaso de un régimen. A esa pregunta se sumó, el viernes 23, un atentado racista en Trappes que revela hasta dónde puede llegar la estrategia de racializar una revuelta social.

Protestas en Francia. Foto de Nicolás Schmerkin

Una generación, varias capitales

Karl Mannheim distinguía la mera contemporaneidad biológica de la “unidad de generación”, que nace cuando una experiencia compartida se vuelve conciencia colectiva. Las revueltas europeas recientes cruzan ese umbral. La organización CIVICUS registra protestas de la generación Z en una quincena de países, de Bulgaria, Grecia y Serbia a Nepal, Madagascar o Marruecos.1 En Bulgaria, el rechazo a un presupuesto 2026 que aumentaba las cotizaciones sociales, en un sistema que los manifestantes describían como capturado por la oligarquía, derribó en diciembre de 2025 al gobierno de Rosen Zhelyazkov, primera caída de un gobierno europeo por una revuelta de este tipo. En Serbia, los estudiantes movilizados desde el derrumbe de la estación de Novi Sad, en noviembre de 2024, y organizados en plenarios abiertos, ganaron este 25 de octubre, las legislativas frente al partido de Aleksandar Vučić. En Albania, secundarios y universitarios engrosan el movimiento “Flamingo” contra Edi Rama, que autorizó un megaproyecto turístico vinculado a Jared Kushner, yerno de Donald Trump, en el hábitat de los flamencos. En Madrid, un campamento de jóvenes ocupa la Puerta del Sol reclamando viviendas dignas y accesibles, provocando una crisis que obligó a Pedro Sánchez a convocar elecciones anticipadas para noviembre. En Italia, con una inflación del 4,2 % en septiembre, el movimiento “Italia in Piazza” derivó en disturbios en Milán, Turín y Bolonia; en Milán, la mayoría de los 271 detenidos eran menores.2

Los rasgos comunes son nítidos: fusión de demandas materiales – educación, vivienda, costo de vida – y democráticas; organización horizontal en asambleas, sin líderes visibles; una cultura simbólica propia que en Sofía cabía en una consigna: “Enojaron a la generación equivocada”; también el rechazo de la emigración como salida. Enfrente, los gobiernos combinan represión y designación de un enemigo externo: agentes extranjeros para Vučić, “antifa” para Rama, migrantes para Donald Trump y Vladimir Putin, quienes culparon a la inmigración de los disturbios franceses. Un grupo italiano se bautizó “Movimiento 17 de Octubre”: la fecha francesa ya es un símbolo europeo.

De Acoua a la place de la République

Todo empezó lejos de París. El 31 de agosto, docentes y familias del liceo del Norte de Acoua, en Mayotte, – el departamento más pobre de Francia ubicado en el Océano Índico –, iniciaron una huelga contra la superpoblación de un establecimiento con cerca de 2.300 alumnos. El 18 de septiembre tomó el relevo el liceo profesional Saint-Exupéry de Créteil, y a fines de mes más de 400 establecimientos sufrían bloqueos, mientras la protesta alcanzaba algunos liceos de Bélgica, Italia y Alemania. Las demandas eran concretas: aulas sobrecargadas, profesores no reemplazados, edificios deteriorados, horarios extenuantes y, sobre todo, la abolición de Parcoursup, la plataforma algorítmica de admisión universitaria que los secundarios viven como una lotería social.

La respuesta fue policial. En Tours, un secundario perdió un ojo. Según Politis, entre el 28 de septiembre y el 5 de octubre más de 5.000 personas fueron detenidas, el 85 % menores.3 El primer ministro Sébastien Lecornu reunió una célula de crisis y Matignon pasó a hablar de “violencias urbanas”, desplazando el conflicto del terreno educativo al del orden público. Lejos de frenar el movimiento, la represión lo extendió. Como observó Jean-Luc Mélenchon en Mediapart,4 la revuelta siguió una geografía del maltrato social: de Mayotte a las Antillas, de la banlieue a los barrios centrales y las universidades, hasta la facultad de Derecho de Assas y la Universidad Católica se movilizaron en solidaridad con los liceos periféricos. Los padres, muchos de la generación que derrotó el CPE (Contrato de Primer Empleo) en 2006, escucharon de sus hijos el relato de la brutalidad policial y muchos los acompañaron en las manifestaciones.

Entonces volvieron los chalecos amarillos, con su programa de 2018: congelamiento de los combustibles, superganancias petroleras, referéndum de iniciativa ciudadana. Bajo la consigna “Jaunes et jeunes” (amarillos y jóvenes), el 17 de octubre marcharon entre 550.000 personas, según las autoridades, y 800.000, según los organizadores. Hubo saqueos en París, Marsella, Lyon y Burdeos, alcaldías atacadas en Lille y Marsella, el ayuntamiento decimonónico de Limoges ardió, se contaron unas 2.400 detenciones – 855 en París, un récord según la prefectura – y una persona murió en la capital. Al día siguiente, Emmanuel Macron prometió por televisión que los saqueadores pagarían y que quienes quisieron derribar la República rendirían cuentas. La fecha no era neutra: se cumplían 65 años de la masacre de argelinos del 17 de octubre de 1961 en Paris.

Durante 48 horas los informativos televisivos, tanto privados como públicos, mostraron incesantemente imágenes de los destrozos, dejando pocos minutos a las inmensas marchas de secundarios, estudiantes y chalecos amarillos que expresaron pacíficamente sus reivindicaciones a través de cánticos y de carteles sumamente creativos. Las directivas del ministro del interior Laurent Nuñez, de impedir las marchas gaseando desde el inicio a los manifestantes, dejó sin vigilancia los comercios aledaños. Esto fue aprovechado por un grupo importante de Black blocs (grupos de la ultraizquierda y anarquistas que operan de forma coordinada, ocultando su identidad para atacar al Estado y al capitalismo) y por saqueadores jóvenes sin motivaciones políticas, muchos provenientes de los suburbios que se mezclaron en los altercados para saquear comercios.

Reabrir la época contemporánea

Samuel Hayat, investigador del CNRS en el CEVIPOF, propuso en el Club de Mediapart la lectura más discutida, caracterizando el fenómeno: la irrupción de un sujeto político generacional que, mediante la revuelta, realiza un acto de soberanía popular.5 Para Hayat, el 17 de octubre convirtió una protesta destinada a ser reprimida y olvidada en un acontecimiento histórico. Lo que fracasó no fue solo el mantenimiento policial del orden físico, sino el mantenimiento político del orden simbólico: siguiendo a Weber y a Bourdieu, el Estado no descansa únicamente en el monopolio de la coerción, sino en su capacidad de hacer respetar su autoridad, y eso es lo que vaciló ante una parte de la juventud. Las causas son coyunturales – una represión que el 1 de octubre produjo el mayor número de detenciones en un solo día desde el 17 de octubre de 1961– y estructurales: tener veinte años hoy es no haber conocido más que élites “a la vez altivas e incompetentes”.

Hayat desmonta además el relato oficial que divide a los manifestantes entre legítimos, facciosos de ultraizquierda y delincuentes de ocasión, y que Lecornu reduce a una alternativa entre la República y los vándalos: negados como sujetos democráticos, los manifestantes se afirman como tales al seguir ocupando la calle. Una bandera proclamaba “abandonar la época contemporánea”; Hayat sostiene lo contrario: el advenimiento de la generación Z como pueblo sería la reapertura de las promesas de la época inaugurada por las revoluciones, interrumpida por la conversión de las élites al neoliberalismo.

Crisis social, crisis política, crisis de régimen

Jean-Luc Mélenchon describe en el mismo reportaje de Mediapart una escalada: crisis social devenida política, que puede volverse de régimen. Recuerda que Mitterrand en 1984 o Chirac en 2006 supieron retroceder, y que en mayo de 1968 Georges Pompidou concedió en una noche un aumento del 35 % del salario mínimo. Hoy, en cambio, el poder eligió el desgaste, la represión desproporcionada y la demonización de La Francia Insumisa, cuya prohibición llegó a evocar el presidente del Senado. Resultado: el calendario del movimiento coincide con el debate del presupuesto. Si Lecornu no incluye la derogación de Parcoursup, un plan de 10.000 millones para la educación y el congelamiento de precios, la censura será inevitable y solo el Rassemblement National (Reagrupamiento Nacional), el partido de Marine Le Pen, podrá salvarlo. Al poder, concluye Mélenchon, solo le quedará aceptar las reivindicaciones o irse. Su diagnóstico sociológico sostiene que la juventud se volvió una clase precaria, uno de cada dos pobres tiene menos de 30 años y el primer empleo estable llega a los 27, frente a los 20 de los años ochenta. Mélenchon descarta la analogía con Mayo del 68, época de ascenso social y diez millones de huelguistas, y prefiere la de los chalecos amarillos: la misma espontaneidad, sin jefes ni portavoces, la misma secuencia de “actos” sábado tras sábado. A ello suma un rasgo de época: ahora son los hijos y nietos quienes influyen sobre los padres y abuelos.

¿Fin de reino?

Benjamin Morel ofrece en Crise politique, crise de régime la herramienta para distinguir niveles.6 La Quinta República funcionó sobre la evidencia mayoritaria y se vuelve inestable cuando esta desaparece: el paso de la bipolarización a una tripolarización disfuncional entre bloque central, izquierda y extrema derecha empuja a la sobreinterpretación de la Constitución, a los gobiernos dimisionarios y las ordenanzas, cuya acumulación habilita una deriva iliberal. El régimen camina sobre una cresta entre ingobernabilidad y autoritarismo rampante. Para Morel, la crisis de régimen nace menos del mal funcionamiento institucional que del desajuste entre la práctica política y las expectativas ciudadanas. Desde la disolución de junio de 2024, Francia encadenó gobiernos sin mayoría – Barnier, Bayrou, Lecornu – bajo amenaza permanente de censura. Pero la brecha que los secundarios vuelven visible es más honda: no piden otra combinación parlamentaria, sino que el Estado cumpla la promesa republicana de la escuela.

¿Fin de reino, entonces? La expresión describe bien a un presidente que no podrá presentarse en 2027, que según sus críticos habló tras quince días de desprecio sin proponer nada, y que gobierna con un primer ministro sin autoridad propia. Pero lo que se agota no es solo Macron, sino un modo de gobernar contra la opinión y sin mayoría, a fuerza de toques de queda, debate sobre el estado de emergencia – creado en 1955 para la guerra de Argelia –, marchas prohibidas: la balanza se inclina hacia el lado autoritario de la cresta. Fin de reino y crisis de régimen se superponen, y la juventud es el punto donde se tocan.

Trappes, o la racialización de la revuelta

La extrema derecha entendió lo que estaba en juego: una revuelta social interpela al sistema; una revuelta étnica o racial confirma su relato. Jordan Bardella atribuyó los saqueos a jóvenes “que no se sienten franceses” y resumió su programa en detener la inmigración.7 Habló de una “Nueva Francia” para designar el saqueo; Marion Maréchal, de “motines étnicos”. Éric Zemmour en el canal LCI, vio “una horda de bárbaros magrebíes y africanos”, el rostro del “gran reemplazo”, y reclamó la remigración y la pérdida de nacionalidad para los binacionales detenidos.8 El diputado insumiso Antoine Léaument lo denunció ante la fiscalía.

El viernes 23, un hombre abrió fuego desde su auto contra transeúntes en Trappes y La Verrière, cerca de una mezquita y en día de oración. Mató a un joven negro de 26 años e hirió a varias personas, entre ellas, según los primeros reportes, una niña de 12 años. Buscaba, según las autoridades, a “personas de color”. El ministro Laurent Nuñez habló de crimen terrorista; el alcalde Ali Rabeh, de un atentado racista, “probablemente islamófobo”, y de discursos que arman ideológicamente a quienes pasan al acto.9 Bardella y Marine Le Pen condenaron el ataque en la hora siguiente; un senador del RN se apresuró a precisar que su partido no tenía responsabilidad alguna.

No hay causalidad mecánica entre discurso y crimen, pero Trappes prolonga una serie – Aboubakar Cissé, asesinado en una mezquita del Gard en abril de 2025; Hichem Miraoui, en Puget-sur-Argens un mes después – y llega tras una semana en que la extrema derecha designó a los jóvenes de origen magrebí y africano como enemigo interior. La noción de terrorismo estocástico nombra ese mecanismo: la repetición pública de un enemigo deshumanizado vuelve probable que alguien pase al acto sin que nadie lo ordene. Que el blanco haya sido Trappes, emblema del “separatismo” en el imaginario de la derecha radical, no es un detalle. La racialización busca además romper la alianza entre chalecos amarillos y jóvenes y ofrecer al poder una salida: el orden por la fuerza, bajo hegemonía cultural de la extrema derecha.

Protestas en Francia, octubre 2026. Foto de Mathilde Larrère

Balance del 24 de octubre

Una semana después del 17, la calle respondió con calma. La víspera, a las 18 horas, cuando el registro del tribunal ya había cerrado, la prefectura de policía notificó a los sindicatos la prohibición del recorrido Bastilla-Nación que ella misma había aceptado; el recurso de urgencia, presentado fuera de plazo, fue rechazado el sábado a las 11. Vincent Gautheron, de la CGT de Île-de-France, denunció una “guerrilla administrativa”. Obligadas a partir desde la Porte d’Italie, las centrales (CFDT, CGT, FO, FSU, Solidaires) y las organizaciones juveniles (Fage, Union étudiante, Unef, USL) reunieron, según los sindicatos, 250.000 personas en París. Pero la provocación no prendió: la marcha fue masiva, pacífica y hasta festiva.10 aunque la composición cambió: en plenas vacaciones escolares, los docentes fueron menos y los asalariados del sector privado tomaron el relevo junto a secundarios y estudiantes. Manifestantes de 2018 interpelaban a las centrales: “¿Dónde está la huelga?”. La respuesta tiene fecha: la huelga general del 5 de noviembre será una jornada interprofesional que la CGT quiere convertir en prueba de fuerza sobre salarios y medios para la educación, mientras el gobierno prevé suprimir 1.500 puestos docentes en plena movilización de la juventud.

Ese mismo sábado, en Orléans, el Rassemblement National celebraba su congreso en una ciudad blindada. Convocada desde hacía meses por unas cincuenta organizaciones sindicales, políticas, feministas y sociales, la contramanifestación reunió entre 11.000 personas, según la policía, y 26.000, según los organizadores, sin un solo incidente. Después del atentado de Trappes, el ritual antifascista cambió de naturaleza. El alcalde Ali Rabeh viajó a Orléans, pidió un minuto de silencio por las víctimas y recordó tanto los dichos de Bardella, Le Pen y Zemmour como los deslices de la derecha “republicana”: “El combate de 2027 será entre quienes defiendan la República y quienes quieran subvertirla por el racismo”, en relación a las elecciones presidenciales. Sophie Binet, secretaria general de la CGT, celebró la presencia de toda la izquierda y citó a Aragon: “Cuando el trigo está bajo el granizo, loco es quien se hace el delicado”.11

El 24 de octubre dejó así dos imágenes complementarias: una generación que se niega a ser reducida a la figura del vándalo y una izquierda política y sindical que, ante la amenaza de la extrema derecha, vuelve a marchar unida. El 5 de noviembre dirá si esa convergencia alcanza para torcer el brazo de un poder que, por ahora, solo ha sabido responder con prohibiciones.

Un sujeto en disputa

El destino de este sujeto generacional no está escrito. Puede ser absorbido por concesiones, desgastado por la represión o empujado hacia un endurecimiento que la extrema derecha espera capitalizar. En Francia se abren tres escenarios: un gobierno que cede e incorpora las reivindicaciones al presupuesto; un gobierno que se endurece con el apoyo tácito del RN; o una censura que precipite la caída del gabinete, una nueva disolución o incluso una crisis presidencial. Lo que ya no parece posible es volver a la normalidad. Una generación descubrió que podía detener un país, y el país descubrió que sus instituciones eran incapaces de responderle. Quizás esa sea la definición más precisa de una crisis de régimen.

 


Carlos Schmerkin. Editor y periodista argentino radicado en Francia. Escribe sobre Argentina en el Club de Mediapart, sobre la política francesa en el portal El Destape y reseñas literarias en la revista Books. Cofundador del Observatorio de la Argentina contemporánea y de ACAF (Asamblea de ciudadanos argentinos en Francia). Coautor de La paloma engomada, relatos de prisión, Argentina 1975 – 1979 (Tiempo éditions, 2004). Sitio personal: https://chroniques-croisees.vercel.app/

 

 

 


  1. CIVICUS. (2026). La génération Z : une nouvelle résistance se lève. Rapport sur l’état de la société civile 2026. Recuperado de https://publications.civicus.org/fr/publications/rapport-sur-letat-de-la-societe-civile-2026/la-generation-z-une-nouvelle-resistance-se-leve/

  2. Medrano, T. y Naishadham, S. (2026). ‘A spark suddenly ignites’: Europe’s Gen Z takes to the streets as economies fail to deliver jobs, schools fail to deliver education. Recuperado de https://fortune.com/2026/10/20/europe-france-spain-albania-protests-young-people/
  3. Politis. (2026). À Mayotte, des lycéens à cran, un système scolaire à bout. Recuperado de https://www.politis.fr/articles/2026/10/education-outremer-a-mayotte-des-lyceens-a-cran-un-systeme-scolaire-a-bout/
  4. Benhaïda, S. y Ramdani, I. (2026). Jean-Luc Mélenchon : « Le pouvoir n’aura qu’un seul choix, accepter les revendications ou s’en aller ». Recuperado de https://www.mediapart.fr/journal/politique/231026/jean-luc-melenchon-le-pouvoir-n-aura-qu-un-seul-choix-accepter-les-revendications-ou-s-en-aller
  5. Hayat, S. (2026). 17 octobre 2026 : rouvrir l’époque contemporaine. Recuperado de https://blogs.mediapart.fr/samuel-hayat/blog/191026/17-octobre-2026-rouvrir-l-epoque-contemporaine
  6. Morel, B. (2026). Crise politique, crise de régime. París: Odile Jacob.
  7. Europe 1. (2026). Émeutes du 17 octobre : « Il faut arrêter l’immigration », martèle Jordan Bardella. Recuperado de https://www.europe1.fr/politique/emeutes-du-17-octobre-il-faut-arreter-limmigration-martele-jordan-bardella-1162443
  8. Le JDD. (2026). « Horde de barbares maghrébins et africains » : l’Insoumis Léaument saisit la justice après des propos de Zemmour. Recuperado de https://www.lejdd.fr/politique/horde-de-barbares-maghrebins-et-africains-linsoumis-leaument-saisit-la-justice-apres-des-propos-de-zemmour-186495
  9. Franceinfo. (2026). « C’est un attentat à connotation raciste, probablement islamophobe », affirme le maire de Trappes. Recuperado de https://www.franceinfo.fr/faits-divers/terrorisme/video-c-est-un-attentat-a-connotation-raciste-probablement-islamophobe-affirme-le-maire-de-trappes-apres-l-attaque-qui-a-fait-un-mort_8250892.html
  10. L’Humanité. (2026, 24 de octubre). 24 octobre : la rue parisienne répond par le calme aux provocations d’Emmanuel Macron, et prépare la grève du 5 novembre. Recuperado de https://www.humanite.fr/social-et-economie/cgt/24-octobre-la-rue-parisienne-repond-par-le-calme-aux-provocations-demmanuel-macron-et-prepare-la-greve-du-5-novembre
  11. L’Humanité. (2026, 24 de octubre). Congrès du RN à Orléans : toute la gauche politique et sociale se rassemble contre le Rassemblement national et ses perroquets. Recuperado de https://www.humanite.fr/politique/antifascisme/a-orleans-toute-la-gauche-politique-et-sociale-se-rassemble-contre-le-rn-et-ses-perroquets

 


Imagen de portada: France24_es en x.com

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