Turismo en estado crítico
¿Quién puede viajar hoy en la Argentina?

Por Bárbara Catalano y Cecilia Quevedo

¿Cómo afecta la redefinición del papel del Estado – “la motosierra” – al sector turístico? ¿Qué impacto tiene sobre el acceso al ocio, el descanso y la cultura? Para las investigadoras del CONICET, Bárbara Catalano y Cecilia Quevedo, la crisis actual del turismo argentino va más allá de la caída del consumo; es la transformación de un turismo concebido como derecho social hacia un turismo crecientemente organizado por las lógicas del mercado.

 

 

El primer artículo sobre turismo en esta revista fue publicado hace 8 años (se titulaba “Lo que se entrevé y se oculta detrás del turismo”). Ese escrito hacía hincapié en los aspectos poco transparentes del turismo que suelen estar invisibilizados por la famosa campaña de las sonrisas que propugna el libro Horda Dorada[1], así como en las relaciones de poder asimétricas y las restricciones en la libertad del conocimiento que condicionan la estructura turística. Ahora bien, en este artículo exponemos algunas aristas que lejos de ser invisibles están muy presentes para los principales actores del sector como para los sujetos con aptitudes móviles que dejaron de viajar. En esta oportunidad, asumimos una hipótesis: la crisis actual del turismo argentino no expresa solo una caída del consumo turístico sino una transformación más profunda: el pasaje de un turismo concebido como derecho social hacia un turismo crecientemente organizado por las lógicas del mercado.

Si algo aprendimos de la última pandemia del 2020 fue que la intensa movilidad global y los viajes internacionales pueden facilitar la rápida propagación de enfermedades. Luego del Covid-19, también quedó demostrado que el turismo, lejos de ser una actividad autosuficiente, es una de las más vulnerables y sensibles a factores internos y externos de diversa índole como crisis sanitarias o conflictos bélicos internacionales.

En la actualidad, Argentina no está involucrada en ninguno de estos escenarios amenazantes. No obstante, sí está enfrentando una crítica situación en el sector turístico que se pueden ver reflejadas en varios aspectos. La actual coyuntura argentina se caracteriza por una profunda redefinición del papel del Estado en múltiples áreas de gestión. El turismo no ha permanecido ajeno a este proceso. Acá nos centraremos en algunas de las dimensiones conflictivas que enfrenta el sector turístico argentino en la actualidad (como la caída del turismo interno, la balanza turística negativa, la desregulación y recorte presupuestario) pero claramente la lista de temas no es exhaustiva, sino que se extiende, y hasta parecería profundizarse y agravarse a futuro.

Turismo interno en caída y balanza turística negativa

¿Cómo pasamos de la conquista de las vacaciones a un turismo solo para algunos? Una reconocida historiadora marplatense, Elisa Pastoriza en su obra “La Conquista de las vacaciones” expone el caso de una Argentina gloriosa, cuya clase trabajadora accedía a los viajes y al turismo, lo que la autora denominó la democratización del bienestar. En el plano teórico disponemos de muchas interpretaciones referidas al periodo histórico de mitad del siglo XX en un momento de expansión de los derechos sociales, entre ellos, el derecho al descanso, al ocio y al turismo que fueron parte de la amplitud de ciudadanía, a la vez que se conformaba un país cohesionado, en su mayoría, por una sociedad móvil y con aspiraciones igualitarias. Mientras Elisa Pastoriza[2] destaca el turismo como un derecho asociado a la democratización del bienestar, otras autoras[3] advierten que en la actualidad esta práctica también funciona como un dispositivo de mercado que organiza el consumo de experiencias y redefine las formas de vivir, sentir y relacionarse con los territorios y la cultura. Pero además, el turismo ha sido analizado desde diferentes perspectivas. Otros analistas plantean aspectos psicológicos y sostienen que el turismo –como contracara del trabajo– es una forma de ocio compensatoria, proceso donde el individuo se libera de ciertos efectos desequilibrantes de la personalidad, derivados también de obligaciones sociales[4].

En lo jurídico, el derecho a las vacaciones se encuentra en el artículo 24 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH), donde se establece que toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas. Como bien sabemos, hay una brecha entre el plano teórico, discursivo y normativo y la aplicabilidad de tales normas. En la medida que las jornadas de trabajo se amplían (personas con más de un trabajo y con jornadas de 14 horas diarias) el turismo parece una utopía ¿No se podría pensar que los derechos y accesos al ocio y al turismo tendrían que ir en la misma línea? Pues no, pareciera que la relación es inversa, trabajamos más para poder llenar el plato de comida y el turismo, como otro tipo de prácticas y consumos queda en un plano potencial, y hasta podríamos decir idílica. Según Aristóteles, el ocio conduce al placer, al bienestar y a la felicidad, salvando las distancias hoy no podemos pensar siquiera en que existe tiempo libre.

El turismo que hacen los argentinos se puede dimensionar a partir de varios métodos. Por un lado, las estadísticas, que si bien tenemos nuestros reparos y objeciones sobre su fidelidad y confiabilidad en la recolección y en la representatividad, no dejan de ser un dato. Por otro lado, los destinos turísticos dependientes de la actividad turística son un termómetro sustancial para evaluar el desenvolvimiento del turismo y el consumo turístico. Finalmente, el común de la sociedad, la famosa “demanda” o bien el turista efectivo o potencial, que ha dejado de viajar.

La crisis que atraviesa la Argentina en torno a la baja del poder adquisitivo de la mayor proporción de la población repercute en todos los tipos de consumos. No dejamos de tomar leche o de comprar pañales, pero cambiamos de primeras marcas a segundas marcas. Hacemos tres comidas diarias, en lugar de cuatro. No nos compramos ropa tan seguido, cambiamos a nuestros hijos de escuela, de una privada a la pública. Ya no salimos a comer afuera. Los comportamientos sobre los distintos tipos de consumos responden a los distintos niveles socioeconómicos como también al poder adquisitivo y a la capacidad de ahorro.

Viajar, salir a pasear, hacer turismo, recorrer lugares, son prácticas que están estrechamente vinculadas y dependen de los ingresos. El turismo es altamente elástico: a mayores niveles de ingresos, mayores consumos turísticos, aunque cohexisten a los factores económicos, los sociales, políticos y culturales[5].

Cada vez la gente hace menos turismo al interior de la Argentina. Según el sistema de información turística de la Argentina SINTA; y tomando como indicador, la Encuesta de Viajes y Turismo en Hogares, en 12 años pasamos de tener casi 14 millones de viajeros en el primer trimestre del año 2012 a 10 millones en el año 2024. Una caída del turismo interno en un periodo tan extenso de tiempo refleja un deterioro paulatino de derechos al esparcimiento y al acceso a la cultura y a la recreación, un derecho adquirido en un momento de expansión de la ciudadanía. El acceso al turismo y a los viajes no es solo un mercado, como se lo suele concebir desde el paradigma comercial, es una forma de conocimiento, que abre posibilidades de interacción social, de aprendizaje y de enriquecimiento cultural.

Figura 1. Turismo interno 1er trimestre en miles (2012-2024). EVyTH[6]

Pero más allá de los datos, que pueden ser más o menos representativos, o más o menos fieles a la realidad, hay un termómetro social que manifiesta cierta inmovilidad en relación al turismo. No se deja de viajar por las restricciones sanitarias de una pandemia por covid, ni porque se encuentra bloqueada la ruta aérea por el conflicto de Medio Oriente, en Argentina se viaja menos o no se viaja porque “no hay plata” ya que atravesamos una coyuntura económica marcada por un recorte presupuestario, caída del consumo interno y endeudamiento sistemático de los hogares en los distintos puntos de nuestro país.

En otro orden, estamos ante un escenario de balanza turística negativa, que significa que salen más turistas que los que ingresan. Pero en este último periodo salen muchos más de los que ingresan y ello está teniendo graves repercusiones económicas en términos de fuga de divisas, un malestar que acecha a la Argentina desde hace ya varias décadas[7]. A su vez, hace años que Argentina padece de una restricción externa basada en la escasez de divisas necesarias para el desarrollo[8] mientras que el turismo tampoco colabora atenuando ese déficit. Con un dólar relativamente barato en los últimos diez años la balanza turística se mantiene negativa y desde el nuevo gobierno el saldo negativo se ha incrementado en más de cuatro millones de turistas. La balanza en el turismo, se mide en términos monetarios (saldo entre divisas que ingresan y salen) y en términos de cantidad de personas (no residentes que ingresan al país, como los residentes que salen). En este caso se ilustra la balanza deficitaria a partir del saldo del turismo receptivo y emisivo (Ver Figura 2).

Figura 2. Turismo internacional receptivo, emisivo y saldo. Total del país. 2016-2025 (INDEC)

En esta línea, el escenario del turismo nacional está gravemente afectado. El turismo local, visibilizado a partir del turismo interno (argentinos que viajan por Argentina), y el receptivo (extranjeros que viajan por Argentina), es un gran potenciador de las economías regionales y es sabido que ha generado importantes contribuciones al desarrollo local, por su transversalidad y sus efectos distribuidores. Pero en este caso analizado, el turismo parece no estar en agenda, o al menos en una agenda inclusiva, que propicie el desarrollo y bienestar de las comunidades. El que sí está en agenda es el turismo hacia el exterior.

Desregulación y recorte presupuestario: cuando el turismo y la conservación dejan de ser una política pública

Tal como mencionamos antes, el sector turístico enfrenta transformaciones de índole desregulatorio que están teniendo consecuencias desfavorables en el pensar a la actividad de una forma planificada y sostenible en el tiempo. Según Erica Schenkel, una reconocida investigadora del turismo social, en los últimos años, a partir de la era de Milei en Argentina, la famosa motosierra que fue ícono de su campaña política también afectó al turismo de diversas formas, en los recortes sobre los programas que incentivan el turismo interno, en cuanto al cierre de los establecimientos de turismo social como Chapadmalal, la desregulación del sector a partir de distintas aristas, como la contratación de servicios turísticos en parques nacionales, la actividad de guías, entre otros[9].  La flexibilización de los servicios turísticos y desregulación de la actividad, afecta la profesionalización del sector y lo debilita en diversos ámbitos como la credibilidad, la confianza, la seguridad y la preservación de sitios patrimoniales.

Bajo el argumento de eliminar trabas burocráticas, reducir gastos y favorecer la iniciativa privada, se han impulsado medidas que modifican de manera significativa la forma en que históricamente se pensaron las políticas turísticas en el país. Uno de los casos más visibles es el de la Administración de Parques Nacionales (APN), organismo que además de cumplir funciones de conservación ambiental tiene un rol central en la promoción del turismo de naturaleza, la educación ambiental y el desarrollo de comunidades locales vinculadas a las áreas protegidas. Las transformaciones impulsadas durante los últimos años estuvieron orientadas a flexibilizar las regulaciones para la prestación de servicios turísticos y a reducir estructuras consideradas excesivas desde la perspectiva gubernamental.

Sin embargo, detrás de la promesa de una mayor eficiencia emergen efectos concretos sobre el funcionamiento cotidiano de los parques nacionales. Diversos trabajadores y funcionarios del organismo han señalado que los recortes presupuestarios afectaron tareas básicas de gestión, control y mantenimiento. La reducción de recursos para combustible, movilidad, infraestructura y equipamiento limita la capacidad operativa de los parques y dificulta el cumplimiento de funciones esenciales vinculadas a la conservación y al uso público.

A ello se suma una creciente inestabilidad laboral. La no renovación de contratos, las renovaciones de muy corto plazo y la reducción de personal han generado una situación de incertidumbre entre los trabajadores de la APN. En muchos casos, menos empleados deben asumir una mayor cantidad de tareas, lo que repercute tanto en las condiciones laborales como en la calidad de los servicios ofrecidos. La pérdida de personal especializado implica además la salida de conocimientos y experiencias acumuladas durante años, un aspecto sensible en organismos que gestionan territorios complejos desde el punto de vista ambiental y social.

Las áreas protegidas de creación más reciente, como el Parque Nacional El Impenetrable en Chaco y el Parque Nacional Traslasierra en Córdoba —territorios en los que actualmente desarrollamos nuestro trabajo de investigación— constituyen escenarios privilegiados para observar estas tensiones. En ellas convergen proyectos de conservación ambiental, expectativas de desarrollo turístico y las dinámicas cotidianas de las comunidades locales, poniendo de manifiesto los desafíos y disputas que atraviesan la gestión de estos espacios. Ambos parques fueron concebidos como herramientas para la conservación de ecosistemas amenazados, pero también como motores de desarrollo territorial para comunidades rurales históricamente relegadas. Por otra parte, la aprobación de la Ley Bases derivó en la eliminación de distintos fondos específicos, entre ellos el Fondo Fiduciario para la Protección Ambiental de los Bosques Nativos (FOBOSQUE), una herramienta destinada a financiar acciones de conservación en ecosistemas sometidos a fuertes presiones productivas. Si bien la relación entre estos fondos y la actividad turística puede parecer indirecta, la preservación de los recursos naturales constituye uno de los principales atractivos sobre los cuales se sustenta gran parte del turismo de naturaleza.

La reducción de capacidades estatales no ocurre en un vacío. Allí donde el Estado retrocede, otros actores ocupan posiciones cada vez más relevantes en la gestión, promoción e incluso definición de los usos legítimos del territorio. En este sentido, el caso del Parque Nacional El Impenetrable resulta ilustrativo. Como muestran investigaciones recientes, la Fundación Rewilding Argentina ha adquirido una creciente capacidad de intervención en la región a partir de su disponibilidad de recursos económicos, su articulación con organismos internacionales de conservación y su capacidad para diseñar y gestionar proyectos turísticos y ambientales. Si bien sus acciones se presentan bajo los objetivos de restauración ecológica y conservación de la biodiversidad, este proceso también plantea interrogantes sobre las formas de gobernanza de los territorios protegidos y sobre quiénes definen las prioridades de desarrollo local.

En este marco, la retirada del Estado no implica una mayor autonomía de las comunidades locales, sino que puede favorecer la consolidación de nuevos actores con capacidad de incidencia territorial, recursos financieros y legitimidad internacional superiores a los de las poblaciones que habitan esos espacios. La conservación de la naturaleza y el turismo asociado a ella comienzan así a articularse crecientemente con agendas globales que no siempre coinciden con las necesidades y expectativas de los actores locales.

Reflexiones finales

Las transformaciones que atraviesan hoy los parques nacionales exceden el ámbito de la conservación ambiental o de la gestión turística. En ellas se expresa una discusión más profunda acerca del papel del Estado en la producción de bienes públicos, la distribución de oportunidades y la construcción de ciudadanía. Si durante gran parte del siglo XX el acceso al turismo fue concebido como una herramienta de integración social y de conocimiento del territorio, la reducción de capacidades estatales y la creciente mercantilización de los espacios naturales parecen consolidar una lógica diferente, donde el disfrute de la naturaleza, la movilidad y el ocio vuelven a depender cada vez más de las posibilidades individuales. La pregunta que subyace entonces no es solamente quién gestiona los parques o cómo se financian las políticas de conservación, sino qué tipo de sociedad se construye cuando el acceso a estos bienes comunes deja de ser pensado como un derecho y pasa a estar mediado por las reglas del mercado.

 

 


Bárbara Catalano es Doctora en Ciencias Sociales y magister en Procesos de Integración Regional y Mercosur (UBA), Licenciada en Turismo (USAL). Es Investigadora del CONICET en la Facultad de Turismo y Ambiente de la Universidad Provincial de Córdoba. Es parte de la Red Argentina de Estudios en Turismo y trabaja temas vinculados al turismo, integración, y movilidades. @redargentinaturismo

 

Cecilia Quevedo es Doctora en Ciencia Política por la Universidad Nacional de Córdoba y Licenciada en Ciencia Política por la Universidad Nacional de Villa María. Investigadora Adjunta del CONICET con lugar de trabajo en Instituto de Estudios en Comunicación, Expresión y Tecnologías (IECET-FCC-UNC). Docente de la Facultad de Ciencias de la Comunicación (UNC). Es parte de la Red Argentina de Estudios en Turismo y trabaja temas vinculados a las políticas turísticas, los parques nacionales y el capitalismo actual. @redargentinaturismo

 


[1] “Horda Dorada: La Periferia del Placer” de Turner y Ash (1991) es un libro clásico y precursor de los estudios del turismo que plantea una crítica al turismo de masas y a su capacidad de destrucción de lugares e identidades locales.

[2] Pastoriza, E. (2011). La conquista de las vacaciones. Breve historia del turismo en la Argentina. Edhasa.

[3] Espoz, M. (2016). Apuntes sobre el turismo. La regulación del disfrute vía mercantilización cultural. Chasqui. Revista Latinoamericana de Comunicación, 133, 317–334.

[4] Munné, F. (2010). Psicosociología del tiempo libre. Un enfoque crítico. Trillas.

[5] Baglieto, M. (2023). El consumo turístico de los hogares argentinos: elementos económicos, políticos, sociales y culturales para comprender la práctica del viaje (2011-2019).

[6] Cabe señalar que se toma como valor representativo el primer trimestre ya que es el que se corresponde con el periodo vacacional, pero que la baja del turístico es generalizada a lo largo de todo el año.

[7] Barrera, M. A., & Bona, L. M. (2018). La fuga de capitales en la Argentina reciente (1976-2018). Revista de la Facultad de Ciencias económicas: Investigación y Reflexión, 26(2), 7-32.

[8] Cantamutto, F. J., Schorr, M., & Wainer, A. (2024). Con exportar más no alcanza:(aunque neoliberales y neodesarrollistas insistan con eso). Siglo XXI editores.

[9] Schenkel, E. (2024). Turismo social en Argentina: desarticulación de una política pública con voluntad democratizadora. Albasud.

 

 


Imagen de portada: magnific.com

Comentarios: